zugarramurdi - El conjunto de esculturas relacionadas con las brujas, el akelarre y las viejas creencias y leyendas, creadas por el polifacético artista beratarra Ignacio Larra han regresado a su domicilio habitual en Bera, después de casi seis meses de estancia en Sorginen Etxea, el Museo de las Brujas de Zugarramurdi, donde han sido uno de sus mejores atractivos y admiradas por miles de personas. La creación de las efigies surgió cuando Bera se volcó en conmemoración del centenario del nacimiento de Julio Caro Baroja, y Zugarramurdi Garapena, la entidad de desarrollo de Zugarramurdi, invitó al autor a que fueran expuestas en el Museo de las Brujas, lo que se hizo y una vez pasado este tiempo han vuelto a Bera.

“Han sido las invitadas de lujo a lo largo de casi seis meses, pero la hora de la despedida ha llegado y las seis figuras del escultor beratarra Ignacio Larra duermen ya en casa”, explica Ainhoa Agirre, la directora gerente de Zugarramurdi Garapena. A lo largo de todo este tiempo, incluida la temporada alta, estas sorginak hechas a partir de una estructura de acero, papel industrial, poliespán y plastilina, han formado parte de la exposición permanente del Museo de las Brujas.

Gracias al realismo con el que fueron creadas, las obras han completado su significado y han ofrecido una perspectiva artística diferente. “Se han convertido a los ojos de los 20.691 visitantes que han gozado de la oportunidad de verlas en el rostro de la historia de Zugarramurdi”.

El traslado no ha sido sencillo, ya que son unas figuras muy delicadas, como tampoco lo fue el viaje de traslado desde Bera. Pero con sumo cuidado, las figuras descansan ya, sanas y salvas, en su Bera natal. “Aquí en Zugarramurdi, orgullosos de haber tenido entre nosotros a La Bruja del Farol, La Encarcelada, El Niño y La Niña, La Hilandera y, sobre todo, La Bruja de la Cocina, no les decimos adiós, sino hasta luego”, indica Ainhoa Agirre.

realismo las sorginak de Ignacio Larra son seis figuras de tamaño natural que destacan por su realismo y cuidado del detalle, y su vista causa gran impacto en el espectador. El conjunto lo forman La Bruja del Farol que, ayudada por unas pequeñas gafas, mira fijamente al Akerra, al mítico macho cabrío.

Otra escultura representa a La Bruja Encarcelada, inmovilizada con cadenas auténticas en el interior de una jaula en actitud suplicante ante los inquisidores que la flanquean. Sus lágrimas de dolor y pena simbolizan las penurias que pasaron en el Auto de Fe de Logroño de 1610. El Niño y La Niña son la personificación de la pesadilla, la oleada de pánico que invadió la zona tras los sucesos. El artista ha logrado expresar el caos, con la impresión de que los niños se levantan de sus camas y en sueños siguen la estela de la escoba, que los arrastra hasta el akelarre. La Hilandera es la que escenifica las labores del hogar, y La Bruja de la Cocina es la imagen de la típica sorgina sabia, que conoce los recursos de la Naturaleza, y elabora sus remedios. Ha sido una estancia gratificante y ahora vuelven a casa.

Gran obra. El conjunto creado por Ignacio Larramendi, Larra, es muy realista y singularmente llamativo. Una obra que no deja a nadie indiferente.

ainhoa agirre “han sido unas invitadas de lujo”

La directora gerente de Zugarramurdi Garapena afirma que “no les decimos adiós, sino hasta luego” y no descarta que puedan volver en su momento.