Un total de 222 vacas y 212 yeguas entraron el sábado en el comunal de Sorogain previamente marcadas con el hierro VE -distintivo del valle de Erro- en la parte derecha del lomo. A este rebaño se suman las más de 1.500 cabezas de ovino del valle a las que el Ayuntamiento autoriza plaza en Monte Alduide, es decir, pasto a media hierba o a hierba entera (o lo que es lo mismo durante todo el verano o media temporada) pero sin marcar a fuego.

La marca de ganado tiene lugar todos los años a mediados de mayo y reúne a numeroso público de todas las edades, sin faltar pastores, familias con niños, y cuadrillas de jóvenes de los dos lados de la frontera que tienen la oportunidad de ver ganado en abundancia en plena naturaleza, y estampas de yeguas con sus crías al galope en busca de las mejores praderas donde pasar el verano. La lluvia y el frío no impidió que numeroso público asistiera a este espectáculo con el aliciente de tener, además, reabierto el albergue para poder almorzar a cubierto.

El cupo de ganado procedente del valle se completa con las 212 cabezas de ganado vacuno que entrarán este mismo mes procedentes del fronterizo Urepel y con origen en poblaciones de Baigorri. Sin embargo, desde hace siete años no se permite la entrada de ovejas francesas para no saturar el monte. El vacuno francés se marca en el lado izquierdo para distinguir del autóctono, explica el guarda del valle de Erro Xabier Cía. “En abril hizo mucho frío pero en mayo ha llovido mucho y está haciendo buena temperatura por lo que está saliendo mucha hierba”, aseguraba tras culminar una mañana intensa de trabajo para marcar cada ejemplar y garantizar así su posterior vigilancia y control. “Este año han entrado más yeguas, hay ganaderos jóvenes que están apostando por la raza Burguete y se pueden ver buenos ejemplares”, abundó.

De hecho, Vidal Auban, de Esnotz, prefiere las yeguas que las vacas porque dan menos trabajo. El sábado llevó 22 ejemplares y esta semana entrarán otras 20 que han estado preñadas con sus potrillos. “No he habido mucha suerte este año porque algunas yeguas han muerto y, si les ataca alguna enfermedad, abortan antes de nacer. “Son animales fuertes pero delicadas a la vez, como ocurre con las cabras”, abundó. Una yegua puede vivir una media de 20 años y tener más de quince potros. Su ganado soporta el invierno en Eslava, y, en verano “hasta que nieva”, se quedan en Sorogáin, para lo que tiene que pagar 35 euros por cabeza. Al menos, el Gobierno mantiene la raza autóctona con una ayuda de cien euros.

“¡Déjale que vaya con la madre!”, gritaba Primitivo al alguacil mientras su rebaño pasaba por un cercado estrecho. Este vecino de Loizu introdujo 30 yeguas que llegaron desde el Señorío de Erro, un despoblado del Gobierno. El ganado se vende a intermediarios con destino al mercado de carne de Italia. Coincidía con Vidal que para la cría el caballar es un animal delicado.