Su primer contacto con el mundo de la joyería fue hace más de una década, mientras vivía en Nicaragua. Allí, la vecina del pequeño pueblo de Aria (valle de Aezkoa) Itziar Berruezo Juandeaburre quedó “maravillada” observando a un artesano local cómo fundía y soldaba la plata. Sin saberlo, aquella experiencia sería el germen de lo que hoy se ha convertido en su medio de vida: Emeki Joyas. Formada en telecomunicaciones y con un espíritu inquieto que la ha llevado a explorar diversos ámbitos laborales y creativos, trabajaba como ingeniera en una empresa pública en Pamplona cuando la joyería volvió a llamarle a la puerta. Tras realizar un curso con la joyera de Pamplona Begoña Conde, en 2019 tomó la decisión de cursar un Grado Superior de Joyería Artística en Donosti. “Me apetecía profundizar más en la joyería y dar espacio a esa parte creativa que sentía que en el trabajo no estaba pudiendo desarrollar”, explica. Su apuesta fue determinante: “No me he arrepentido ni un solo día. Para mí fue una decisión necesaria y ahora siento una calma interna de estar donde quiero estar”, confiesa.

Y es que ya desde su etapa formativa comenzó a cosechar éxitos. Su colección inspirada en una boda egipcia y desarrollada durante una estancia en El Cairo, fue finalista en prestigiosos concursos de diseño tanto en Egipto como en España. También ha participado en ferias de joyería contemporánea en Madrid y en exposiciones como en el Museo Cerralbo o en el Museo Nacional de Artes Decorativas. Y, por si fuera poco, amplió su formación artística con un Grado Superior de Técnicas Escultóricas finalizado en 2025 y con un curso con Julia Obermaier, referente en joyería contemporánea, con la idea de explorar el trabajo en piedra y poder incluirlo en sus creaciones.

EMEKI, SUAVEMENTE

En agosto del año pasado, Itziar decidió dar un giro profesional y apostar firmemente por su proyecto de joyería de autor desde su taller con vistas espectaculares en un pueblo pirenaico de 30 habitantes. El nombre Emeki, en euskera, remite a lo suave, lo lento, lo dulce, hecho sin prisa. “Me recuerda a cómo cocinaban las abuelas, pasaban toda la mañana preparando una comida que luego se comía en un momento. Ésa es mi manera de trabajar y de crear, despacio, lentamente. Mis piezas se van cociendo a fuego lento”, revela.

Porque la joya no es sólo el producto final. Es la última expresión de un largo proceso de reflexión, investigación, escritura y bocetos. A veces, surge una colección de pendientes, anillos o collares que tienen una relación entre ellas, como si de una familia se tratase; otras, surge una pieza única que no volverá a repetirse. Pero siempre hay algo fascinante detrás. “El trabajo del metal es muy mágico, casi hipnótico. Ese momento en el que el metal está a punto de fundirse, se pone naranja y gira, tiene algo especial que no sé cómo definir”, confiesa.

En cada creación, elaborada con plata de ley y, puntualmente, con oro, conviven dos formas de dejar su seña de identidad. Por un lado, en su trabajo está presente la geometría, la simetría, los volúmenes, herencia de esa mente ingeniera. Por otro, confluyen formas orgánicas de la naturaleza como hojas de roble o brotes del haya, inspiradas en el entorno en donde ha crecido y donde ahora trabaja.

SACAR DEL CAJÓN

Además de la venta de piezas propias, esta artista ofrece la posibilidad de que la gente pueda dar una segunda oportunidad a sus joyas, lo que ella llama ‘Reinventa tus joyas’. “Muchas veces acumulamos en un cajón recuerdos, medallones de una virgen de nuestras amas o abuelas, pendientes que usábamos en la infancia o que están desparejados o alianzas de bodas que acaban en ruptura. Pero el metal permite ser reciclado, creando nuevas joyas que hagan que esos recuerdos estén presentes”, explica. Así, Itziar escucha, acompaña y trabaja con el cliente para llegar a una idea que le convenza. “Es una oportunidad de volver a la vida un recuerdo que sea bonito y llevable. A veces, incluso es liberador, porque el peso emocional es muy fuerte”, reconoce. Y no sólo a partir de una joya, sino que también una persona puede llevarle una idea y participar activamente en el proceso de diseño ‘cocreando’ juntas. “Se trata de escuchar y convertir una idea o sensación en una pieza hecha a mano que represente de verdad a quien la va a llevar”, añade.

Pero para quien quiera explorar más, también ofrece ‘Manos a la joya’, un taller de unas 3 horas pensado para que cualquier persona, a partir de 70 euros, pueda crear su primera pieza. “Es tener un primer contacto con la plata y poder hacer, por ejemplo, un anillo sencillo. Es una experiencia creativa individual o en grupo que te permite parar, crear con las manos y concentrarte durante unas horas en un entorno rural desconocido y con unas vistas bonitas”, admite.

CALIDAD DURADERA

Poco a poco, Itziar empieza a ver los frutos de su trabajo y dedicación, consolidando su lugar en el mundo de la joyería de autor. Así lo refleja su catálogo online, disponible en su página web emekijoyas.com, donde vende sus piezas a partir de 33 €, accesibles para quienes quieran disfrutar de joyería de autor sin renunciar a la calidad. Sus diseños también se han mostrado en el Hórreo de Aribe, en Geltoki o el mercado navideño de la Plaza del Castillo.

En un escenario marcado por la dificultad de emprender, el encarecimiento de la plata y el cierre progresivo de joyerías y talleres artesanales frente a la producción masiva y barata, apuestas como la de Itziar ponen en valor un oficio en el que la calidad y exclusividad son apreciadas por una clientela que busca piezas únicas y duraderas. “La joyería es un arte que puedes llevar puesto. Podemos llevar piezas que nos definan y nos hagan sentir bien, pero no es lo mismo una pieza que a los 10 días se va a poner negra, que una pieza artesanal que te va a durar toda la vida y que lleve detrás un proceso creativo”, concluye.