Verano y bar en Ablitas
Óscar Doiz y Diego Rodríguez cogieron el relevo del local de las piscinas del municipio de la Ribera el pasado mes de noviembre | Los hosteleros critican las altas tasas que se imponen a los emprendedores
Ablitas se quedó sin el bar de sus piscinas cuando, en octubre del año pasado, el establecimiento entró en proceso de licitación. Entonces, dos socios que trabajaban juntos en un local del pueblo, Óscar Doiz y Diego Rodríguez, decidieron aprovechar la oportunidad. “Trabajábamos en el bar del padre de Diego, pero cuando llegó la pandemia, él se jubiló y nosotros no quisimos quedarnos con el negocio”, cuenta Óscar.
Ambos estaban acostumbrados a estar “de aquí para allá” haciendo ferias. “Íbamos a San Fermín, a las fiestas de Tudela, de Murchante, de Cintruénigo...”, relata, “y nos apetecía tener algo fijo”. El bar de la instalación municipal no era su primera opción. “Nos echaba algo para atrás el tema de la cocina”, reconoce, “pero decidimos lanzarnos a la piscina –nunca mejor dicho– para dejar de estar de un lado a otro todo el verano”. Desde su reapertura en noviembre, Óscar, Diego y Carmen, otra camarera, trabajan, principalmente, con familias. “Los padres vienen a dejar a sus hijos en pádel, baile u otras extraescolares y aprovechan para tomar algo entre semana”, dice Óscar. Además, “este sitio les transmite mucha tranquilidad porque saben que los niños están jugando aquí al lado, en el parque”, añade Diego. Durante los fines de semana, sirven cenas y comidas; funcionan “como cualquier otro bar de pueblo”.
En realidad, los socios todavía no saben muy bien a qué tendrán que enfrentarse cuando todos los vecinos de Ablitas acudan a las piscinas para refrescarse y refugiarse del calor de la Ribera. “Ahí veremos cómo se trabaja con tanta afluencia de clientes”, dice Oscar. Igualmente, ambos aguardan ese momento con ilusión. “Tenemos ganas de hacer las cosas bien, de que se forme buen ambiente y de conseguir que la gente pase aquí todo el día en familia”, revela Diego. En cuanto a pasarse la época estival detrás de la barra, la preocupación es, más bien, mínima.
“Tenemos ganas de que se forme buen ambiente y las familias pasen el día aquí”
Para poder permitirse librar una semana entera cada uno durante el verano, los dos compañeros tomaron la decisión de contratar una camarera que les ayude. “Preferimos ganar algo menos de dinero, pero contar con más tiempo para disfrutarlo. Yo no he tenido un bar, pero mi socio sí, así que sabemos que trabajar tantas horas, tantos días y durante tantos años termina quemándote”, explica Óscar.
Asimismo, cuenta el ablitense, “a mí siempre me ha gustado el mundo de la hostelería. De hecho, cuando salgo con mis amigos, a veces me quedo mirando a los camareros y pienso que disfrutaría más si estuviera trabajando”. Si fuera a sentir envidia de quienes se quedan de fiesta al otro lado de la barra “no trabajaría en esto”, dice.
Trabas e impuestos
Formalizar la adquisición del bar de las piscinas fue un proceso “muy tedioso” que, de no ser por el asesoramiento de Consorcio Eder, “habría sido muy complicado sacar adelante”. Además, “las instituciones no nos ayudan a los emprendedores”, considera Óscar. “Empezamos cada mes, entre gastos, tasas e impuestos, perdiendo 1.500 euros. Hay que trabajar mucho para recuperar ese dinero”, denuncia el hostelero.
Aun así, ambos afrontan esta nueva etapa con la ilusión de consolidarse como un establecimiento esencial para el pueblo. Si bien es cierto que a Óscar le habría gustado adquirir un local donde la clientela pueda quedarse a tomar “unos tragos” después de cenar, lo cierto es que la llegada del buen tiempo les está encendiendo la imaginación. “A ver si, con el horario de verano, la gente se anima a tomar el cubata aquí después de cenar, que yo ya lo echo de menos”, incita el hostelero.