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25 años de escena en Irurtzun

Taller de teatro, este espacio se ha consolidado como lugar de encuentro y crecimiento personal. Diversidad, el grupo está formado por personas de todas las edades y motivaciones con un fin común

25 años de escena en IrurtzunNerea Mazkiaran

Se cumplen 25 años del Taller de Teatro de Irutzun, un espacio que va mucho más allá de la formación artística. Y es que no se trata solo de memorizar textos y representar obras, es también una escuela emocional, un lugar de crecimiento personal y de encuentro. “Para mi es una terapia. Sobre el escenario soy otra persona”, asegura Txeli García, de 73 años, la veterana del taller, tanto por edad como por estar desde el principio. Comenzó con Asun Abad y, pocos años después, tomó el relevo Ángel Sagüés, quien continúa al frente. Actor, director, autor y docente con más de 40 años de trayectoria, es una figura clave para entender la evolución del proyecto, tanto por su profesionalidad como por su cercanía. “Es un lujo”, destaca esta irurtzundarra.

El taller se ha consolidado como un espacio donde crecer, compartir y aprender, sobre todo a mirarse con más confianza y a los demás con más cercanía. “Te permite conocer nuevas personas, muy diferentes. Sorpresas te da la vida, antes de hablar hay que conocerse”, observa. Las diferencias de edad, que en otros contextos podrían marcar distancia, se convierten en riqueza. La experiencia de las personas mayores con la frescura y espontaneidad de la juventud, rompiendo barreras generacionales y se construyen puentes.

El grupo casi al completo.

La benjamina del grupo es Paula Marín, de 11 años, nieta de Mª Eugenia Barroso, otra veterana del taller. Y es que se incorporó al año siguiente de su puesta en marcha. “Me gusta el arte y probar en otras cosas. El taller me aporta sabiduría además de ser muy gratificante, cuenta esta irurtzundarra de 63 años, orgullosa de que su nieta haya heredado el gusanillo por la escena. “Ha disfrutado mucho y lo hizo muy bien”, asegura.

Desde octubre a abril, todos los miércoles coinciden en Kultur Etxea adolescentes, adultos y personas mayores que han encontrado en el taller una nueva forma de expresarse y relacionarse. Las motivaciones son diversas, desde soltarse, salir de la rutina u otra forma de relacionarse, entre otras. Pero todas comparten un proyecto común basado en el trabajo en equipo. Un proceso que transforma la forma en la que los y las participantes se ven a sí mismas y se relacionan con los demás en un mundo cada vez más digital.

De hecho, profesionales de la salud coinciden en que uno de los efectos más visibles del taller es el crecimiento de la autoestima. Subirse a un escenario implica enfrentarse al miedo al ridículo, al juicio externo y, muchas veces, a las propias inseguridades. Sin embargo, el proceso convierte ese miedo en herramienta. Equivocarse forma parte del aprendizaje.

El teatro obliga a habitar otros personajes, otras vidas. Y en ese ejercicio, actores y actrices descubren matices de sí mismos que desconocían. Esa exploración tiene un impacto directo en la autopercepción: comprender que uno puede ser muchas cosas abre la puerta a aceptarse con mayor amplitud y menor juicio.

Los participantes del taller destacan las relaciones que se han tejido en este tiempo. Los ejercicios de improvisación, las dinámicas de grupo y los ensayos generan un vínculo que permanece en el tiempo. En esta mirada al pasado también se recuerdan las ausencias, sobre todo las de Pello Alzueta y Pakita Arruabarrena, miembros fundadores fallecidos. “Eran dos personas fundamentales del taller. Se les echa mucho en falta”, observan.

ESPACIO VIVO

Cada curso es diferente. Y es que el taller es un organismo vivo, en constante cambio, con altas y bajas. Con muchas tablas, Ángel Sagüés se enfrenta cada octubre a un nuevo grupo que marca el rumbo del trabajo. Entre otras labores, debe elegir y adaptar un texto para que todos los participantes tengan su lugar. Además, se encarga de todo, desde la dramaturgia a la puesta en escena, iluminación y música. “Hay que escribir un papel para cada persona y ajustar la dramaturgia. A lo anterior hay que añadir la escasez de hombre, lo que obliga a darle muchas vueltas”, observa Sagües.

A lo largo de estos 25 años han puesto en escena versiones de García Lorca, como La casa de Bernarda Alba o La zapatera prodigiosa, Las bicicletas son para el verano, y clásicos como Aristófanes o Shakespeare, entre otras. “Hemos tocado todos los palos, incluso obras originales y adaptaciones de novelas”, recuerda.

Este curso se ha batido récord de participación, 19 actores y actrices. Al respecto, este dramaturgo destaca la diversidad del grupo, tanto por edad como por la forma en relacionarse con el teatro. “Hay personas que se han formado en escuelas de teatro, conviviendo con niñas que acaban de incorporarse al grupo. Es una riqueza maravillosa”. Asimismo, pone en valor la comunión con el público. “Significa el momento tan vivo en el que estamos en el taller”.

De hecho, todo el aforo estaba completo en las tres funciones que ofrecieron de su último trabajo, Juglares, una versión de Romeo y Julieta. Por ello, el 28 de junio representarán la obra en el parque de Gernika. Tras el verano, en octubre, harán una gira con su obra en Lumbier, Orkoien, Ororbia y Etxauri.

Dan vida a la obra: Alazne Bravo Vilches, Andoni Ruiz, Andrea Arrarás Cuende, Anna María Yordanova Dicheva, Arantza Miranda, Beatriz de Esteban Chocarro, Cristina Olza Tapiz, Enara Urra Albizu, Iker de Carlos Larrainzar, José Ramón Irure, Julián Cuevas López, Lucía Muñoz, Mª Eugenia Barroso Carrillo, Marta Huarte Esteban, Paula Marín Barroso, Paulina Dicheva, Peio Aldaz, Rosa Mª Ramón Marcos y Txeli García.