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Sociedad Ana de Velasco: 50 años dejando huella en Marcilla

La entidad ribera, con 1.400 socios y socias, celebró esta efeméride con una gran fiesta en la que homenajearon a los fundadores de la misma con un pañuelo bordado

Sociedad Ana de Velasco: 50 años dejando huella en Marcillacedida

Hace cincuenta años, y ante la necesidad de buscar nuevas formas de reunirse, de crecer y de mirar al futuro, un grupo de vecinos decidió dar un paso al frente y consolidó la Sociedad Ana de Velasco de Marcilla, una entidad que lleva cinco décadas apostando por la actividad social, la participación y la convivencia. Aquella iniciativa, cuya historia se remonta a 1953, aunque no fue hasta 1976 cuando se redactan y formalizan los estatutos, no solo echó raíces, sino que con el paso del tiempo se convirtió en uno de los pilares de la comunidad.

Ahora que ya han celebrado su gran día, cuentan desde la Sociedad, aquella primera junta a la que tanto agradecen el impulso, estuvo formada por Amancio Garrido Landívar (presidente), Eugenio Sesma Inchausti, Francisco Caspe Preciado, Carmelo Cólera Catalán, M Pilar García Cambra, José María Pejenaute Martínez, Mª Plu Fabo Malo, José María Medina Palacios, José Luis Arnedo Soldevilla y Javier Eslava Armendáriz.

“La idea era tener un lugar donde alternar y bailar; mientras en otros pueblos se creaban casinos, aquí se fundó la Sociedad que, a día de hoy, lo que pretende es ofertar a los socios y socias, en torno a 1.400, una alternativa de ocio; ya sea con espectáculos y con actividades lúdicas o en colaboración con otras asociaciones”.

Activos todo el año

En la actualidad, quienes dirigen la entidad, bajo la presidencia de Valentino López, insisten, "somos 12 personas que, de forma voluntaria, tratamos de hacerlo lo mejor posible”.

Campeonato de mus de la Sociedad.

Durante el año, informan, agenda completa. Y es que celebran conciertos en las diversas fiestas, campeonatos de cartas, actividades para hijos e hijas de socios y socias, organizan un longevo certamen literario con participación internacional, colaboran en alguna excursión con el club de montaña, estudian cualquier propuesta que se pone sobre la mesa, están mano a mano con otras asociaciones y con el Ayuntamiento y, además, “y entre nuestras iniciativas más destacadas está la publicación de la revista El Molinico, consolidada como un referente dentro de la vida cultural de Marcilla”. 

Algunas de las portadas de la revista El Molinico.

La gran fiesta

Como no podía ser de otra manera, este 50º aniversario lo festejaron por todo lo alto y lo hicieron coincidir con el Día del Socio, una jornada en la que participaron 64 cuadrillas y más de 621 socios y socias. “Fue más especial que otros años y todo salió de maravilla. Homenajeamos a los fundadores con la imposición de un pañuelo de la Sociedad y elevamos la calidad del resto de actos. El feedback de la gente fue muy positivo y eso es, precisamente, lo que te hace seguir ahí, organizando este tipo de cosas”. No faltaron la música, animación con DJ y un fotomatón, entre otras actividades. 

A por otros 50

Para estos marcilleses y marcillesas, que una entidad así perdure “no es que sea importante, es que es esencial”. Además, y al hilo de esto, aseguran que en la localidad ribera la gente es muy activa y participativa; “solo hay que ver la cantidad de asociaciones que hay y cómo funcionan”.

Buena culpa de ello la tienen las nuevas generaciones que, en cuanto cumplen 16, se hacen socios y socias (para lo que hay que rellenar un formulario y pagar una cuota anual, sin entrada), “y eso lo interpretamos como que nos amoldamos a los tiempos y la Sociedad sigue siendo atractiva; así que le auguramos otros 50 años por lo menos”. 

De cara al futuro, los pies sobre la tierra y “llegar a fin de año y que los socios vean que merece la pena seguir siéndolo. Sí que nos gustaría hacer conciertos de grupos de renombre, pero se han disparado los precios de esas actuaciones”.

Para terminar, agradecen la labor “de quienes comenzaron esta andadura, así como de quienes hacen que siga adelante”. Y es que la Sociedad Ana de Velasco no solo mira atrás con orgullo, sino que avanza con la misma ilusión que la vio nacer; porque si algo ha demostrado este medio siglo de historia es que los proyectos construidos en común no tienen fecha de caducidad: se transforman, crecen y encuentran nuevas formas de seguir siendo necesarios.