La visita de la Colla Castellera Jove de Barcelona a Altsasu en las fiestas del casco viejo, unas celebraciones arraigadas en la tradición, ha acercado la cultura catalana a la villa. “No hemos venido simplemente a traer una muestra de castells, sino a participar en un intercambio y enriquecimiento mutuo. Hemos traído una expresión cultural catalana pero también venimos a conocer la cultura vasca. Nos sentimos muy honrados, tanto por la acogida como por lo que estamos viendo”, contaba ayer Alex Gómez, miembro de esta colla fundada en 2010 en la capital catalana, el mismo año en que la UNESCO declaró los castells Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Hasta Altsasu se han desplazado 140 castellers, pero aún son más. “Cuantificar el número es difícil porque hay gente menos fija pero dispuesta a echar una mano. Es una actividad muy transversal. Se necesita mucha gente en diferentes posiciones y por tanto, hay lugar para todo el mundo”, observó.
El grupo llegó el viernes, jornada en la que no se quiso perderse el Maiatza de Iturmendi, y permanecerá hasta el domingo. El sábado fueron recibidos por los gigantes y los cabezudos de Altsasu con honores mutuos: bailes y castells en la explanada de Iortia, un espectáculo de altura.
Mañana de kalejira con castells
Después se fue de kalejira, cercavila en catalán, animada por grajillas, tabals, gaiteros y txistularis. Debido a las rachas de viento, los gigantes no se unieron al pasacalles. Los que no faltaron fue Txistulari, Astotxo, Akerra, Maskarita y Juantranposo, los tres kilikis presentados el viernes.
La primera parada del recorrido fue en la plaza Zumakarregi y la segunda en la plaza de Los Fueros, con torres humanas en ambos casos. La tercera y última fue de nuevo en la explanada de Iortia, donde estaba el mintzodromo, con un pequeño homenaje al euskera y al catalán en forma de banderolas que desplegaron las niñas que coronaban los pilares.
La canalla, los niñas y niñas que culminan el castell, es una pieza fundamental. “Intentamos protegerles mucho, tanto en la parte técnica como a nivel social. Contamos con una comisión específica que les cuida mucho, además de protocolos de seguridad y una normativa”, señaló Gómez.
Asimismo, destacaba la importancia de los entrenamientos. “Un castell tiene un gran componente de técnica que se perfecciona con la práctica”. Así a base de constancia, dos días a la semana, la colla ha conseguido levantar estructuras cada vez más complejas. Su récord está en 8 alturas y 4 personas por piso. Hoy, después del repique, intentarán levantar un Castell de 7 alturas.
Encuentro organizado por Kukuerreka Elkartea
Esta visita surgió a partir de la amistad entablada por Iaio Arratibel con un miembro de la colla que suele venir al carnaval rural de Altsasu. “Nos conocimos hace cuatro o cinco años, y siempre venía. Nos contábamos cosas de nuestras culturas y pensamos que estaría muy chulo traer castells a Altsasu”, recordaba. Con el impulso de Kukuerreka Elkartea, encargada del avituallamiento del grupo y de la organización, además de la colaboración del Ayuntamiento de Altsasu y varios establecimientos, el proyecto se ha hecho realidad. “Es una metáfora de la vida, un auzolan donde se unen apoyo, confianza, fuerza y equilibrio”, observó.