La vida no siempre se lo ha puesto fácil, pero Markel Gómez ha encontrado en la música un refugio donde se desnuda emocionalmente y donde logra transformar ese dolor en una herida sanadora. De ahí ha nacido BIDE, un proyecto profundamente íntimo y personal en euskera que habla de pérdidas, de duelos, de desamores y de creatividad y que se presenta este viernes en la Casa de Cultura de Villava, con las casi 300 entradas agotadas.
La música siempre ha estado presente en la vida de este vecino de Zubiri, tocando percusión o batería en verbenas o creando proyectos musicales con guitarra y voz, pero varios procesos emocionales le llevaron a escribir en los últimos años unas canciones con la guitarra que jamás pensó enseñar a nadie. “Cuando estoy bien, toco versiones; pero cuando atravieso momentos de más vulnerabilidad, me sale componer en modo cueva, infusión, lamparica y salón”, confiesa. Así, el año pasado contactó con su amigo y productor Josu Erviti, un referente en la producción musical navarra, para grabar “un disco para mí, como mucho para enseñarlo a mi familia y amigos”.
Sin embargo, lo que comenzó como una grabación íntima, acabó convirtiéndose por recomendación del productor en el nacimiento de su primer disco (“bidean gaude”), que navega en las aguas del pop-rock dentro de un proyecto colectivo al que se han sumado Edurne Errea, Aritz Legarrea y María Antúnez. “Fue un proceso súper bonito en el que la banda ha dado color y ha vestido las canciones con coherencia musical y emocional. Transformar en algo bello aquello que ha venido a doler, me parece un privilegio”, subraya.
Mundo interior
El nombre BIDE, como todo lo que rodea al proyecto, tiene un significado muy simbólico. Desde el inicio, Markel tenía claro que su nombre no titularía el disco, así que, valiéndose de un título que pudiera reflejar esa parte emocional más introspectiva, surgió la frase en euskera “Barrutik Irteten Den Eztanda” (la explosión que sale desde las entrañas), cuyas palabras forman el acrónimo BIDE. “Detrás de cada canción siempre ha habido una necesidad muy visceral de salir, de sacar fuera todo lo que me está pasando”, admite. Además, resulta que “bide” en euskara significa camino, un concepto que actúa de hilo conductor en las 10 canciones del disco.
De hecho, el camino emocional de este primer disco que recuerda al estilo de Kerobia o Gorka Urbizu, transita por duelos de pareja, por pérdidas familiares, por la nostalgia y la memoria de lo vivido, pero también recorre un camino de esperanza y de ternura. “Hay canciones que tienen un componente de anhelo y tristeza, pero otras tienen ese punto de más luz, de agradecimiento por lo compartido”, dice.
Menciona, por ejemplo, la canción Betiko une finitua, dedicada a su madre fallecida hace 3 años de cáncer, que recrea su último instante en el hospital, o la canción Beldurren mapa kartografikoa, en la que habla de lo que le ha generado perder en su infancia la figura paterna. No sólo familia, también está presente el duelo amoroso en Elkar ikusezin, que habla del dolor en su relación con Iñaki, pero con mucha luz y deseo sanador, y en Segi bidea, su preferida y primera canción escrita hace 8 años tras romper con su pareja Markel, en la que “hay muchísimo dolor presente”, pero también “agradecimiento y admiración hacia la otra persona”. En ese viaje, además, se permite cuestionar su identidad, las normas y las expectativas sociales impuestas, la aceptación de quiénes somos y las decisiones que tomamos en la vida y hace un canto a la diversidad. Y, por supuesto, el disco entero lo dedica a su íntimo amigo Ibai, que recientemente falleció también por una rápida enfermedad.
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Con la presentación de este viernes, BIDE da un paso más en ese camino que comenzó desde lo más profundo del universo interior de Markel y que hoy se convierte en un refugio compartido. Editado en CD y vinilo y disponible a través de Instagram (@bide_ofiziala), ya vio la luz en diciembre en Durangoko Azoka y tuvo un pre-estreno especial este mes en su casa, en Zubiri, pero es ahora cuando esas canciones serán presentadas oficialmente.
Con una mezcla de serenidad y vértigo, sigue sin acostumbrarse a lo que está viviendo. Él, que siempre ha encontrado refugio entre conciertos y canciones ajenas, se descubre ahora emocionando al público y sanando sus heridas en comunidad. “Me parece un regalo poder compartir mis emociones y el feedback que estoy teniendo está siendo súper bonito”, concluye. Largo camino a BIDE.