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José Martínez, el mecánico con daño cerebral que vuelve a sonreír al ver coches clásicos: el proyecto de Adacen que usa las pasiones de sus pacientes como terapia

Un proyecto de estimulación inmersiva usa coches clásicos para activar la memoria y la comunicación de los usuarios de Adacen

José Martínez, el mecánico con daño cerebral que vuelve a sonreír al ver coches clásicos: el proyecto de Adacen que usa las pasiones de sus pacientes como terapiaUnai Beroiz

José Martínez –de 77 años– sale por la puerta de las instalaciones deAdaceny sonríe al ver un Seat Ritmo 75 de color verde, muy similar a aquel Seat 1430 que compró junto a su mujer, Arantxa Arregui. El primero de una historia de amor que derivó en dos hijas estupendas –Saioa y Leire– y en muchos más coches, que ahora le permiten trasladar su memoria hasta aquellos momentos en los que vivió y disfrutó de su familia, de su vocación y de todas aquellas personas con las que una vez –de casualidad– coincidió. Y les hizo sonreír. Como ahora, que con tan solo un estímulo –reaccionar ante los coches clásicos que la Asociación Clásicos Iruña y la Asociación San Fermín llevaron hasta Mutilva– ha alegrado a las trabajadoras de Adacen, familiares, antiguos conocidos a los que alguna vez arregló sus vehículos y periodistas y cámaras de televisión.

José nació en Jódar (Jaén) en 1949, pero se mudó a Navarra con 14 años junto con sus padres porque se negaban a que sus hijos dedicaran al algodón, que en aquel entonces era un oficio muy común en su pueblo. Y fue así como empezó a trabajar en talleres de coches como mecánico. Pero también como comenzó lo que se iba a convertir en su pasión y en uno de los sellos que iban a marcar la historia de su vida. "Trabajaba mucho en el taller. Lo que menos, ocho horas", le cuenta a Miren Murguiondo, neuropsicóloga de la asociación, durante un ejercicio de estimulación inmersiva con imágenes de su pasado ofrecidas por su familia. En cuanto pudo, montó su propio negocio en Tafalla, donde ya estuvo hasta jubilarse en agosto de 2010. Por eso, el proyecto –que cuenta con el apoyo del fondo BBVA Futuro Sostenible–, que ha terminado con la visita de varios coches clásicos, buscaba "poner el foco en sus intereses buscando estimular a nivel cognitivo y emocional y crear conexión con la comunidad", explica Miren.

Miren Murguiondo, neuropsicóloga de Adacen, junto con José Martínez, usuario.

Estimular con recuerdos

Seis meses después de jubilarse, José sufrió un ictus isquémico, del que se estaba recuperando. Sin embargo, al mes tuvo otro “y quedó completamente dependiente porque fue un derrame muy fuerte. Y como ya era un hombre muy bueno, lo siguió siendo después del ictus", relata su hija Saioa. A los pocos meses, llegó a Adacen, de donde ha sido paciente desde entonces. Y con este proyecto que comenzó hace apenas unas semanas se le ha brindado un espacio para que pueda hablar un poco más. "Es una forma de que aquellas personas que pasan un poco más desapercibidas en el día a día porque les cuesta interactuar debido a sus limitaciones puedan trabajar un algo más", cuenta Miren. Poco a poco, fueron conociendo muchas de las historias de José: quiénes eran sus padres, cuál era su marca favorita de coches –Volkswagen o cómo se emociona recordando momentos con su familia o en el taller. Aunque no todos los días mejora. De vez en cuando, se mete hacia adentro y no siempre contesta a las preguntas.

"Pero sí veo que tiene mucha mayor reacción que en otros contextos, me cuenta cosas y... soy la afortunada que las escucha. Le digo a mis compañeras a ver si sabían cualquier curiosidad de la vida de José y se alegran muchísimo", cuenta. Por eso, cuando se dieron cuenta de que los coches eran el hilo perfecto del que podían tirar para estimular recuerdos o emociones y fomentar tanto su atención como comunicación no dudaron en aprovecharlo. Pero no solo para influir en subienestar emocionalo en un reconocimiento de su identidad personal, sino para crear comunidad entre usuarios. Para que conozcan, pregunten y, después, se alegren de los avances. Para que se sientan orgullosos de escuchar la historia de José o para que, de forma genuina, él les regale un pequeño gesto que no se esperan y recuerden la sonrisa de José. La que no siempre aparece, pero que lo colma todo.