Etxauri, con el compostaje
78 familias del municipio utilizan compostadores para gestionar sus residuos orgánicos | Para obtener compost hay que añadir aire y agua a una mezcla de restos de comida y poda triturada
El quinto contenedor, el marrón, se retiró hace años de Etxauri porque la reducida cantidad de residuos orgánicos que se recogía en el municipio no compensaba el impacto energético que acarreaba su transporte. Por este motivo, el pueblo gestiona los desechos orgánicos a través de compostadores –situados tanto en hogares como en puntos comunitarios– donde se transforman en compost. Actualmente, en Etxauri, ya son 78 los domicilios que participan en esta dinámica.
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Los planes iniciales incluían un solo punto de recogida para este municipio. Sin embargo, cuenta la alcaldesa, Idoia Aritzala, “como empezó a quedarse pequeño, añadimos otro más, situado cerca de la tienda de alimentación, un punto que genera bastantes residuos y por donde transitan la mayoría de habitantes cada día para comprar el pan”. Así, actualmente hay instaladas en Etxauri un total de dos islas de compostaje: una, con tres compartimentos y 3.000 litros de capacidad; y otra, con cuatro compostadores y 4.000 litros.
Cómo se composta
El proceso del compostaje comienza en el hogar. “Hay que separar los restos orgánicos que se generan en la cocina y depositarlos en un cubo específico”, explica Beatriz Yaben, técnica de Medio Ambiente de la MCP. En este contenedor, subraya, “solo se pueden echar restos orgánicos, es decir, peladuras o sobras de comida, pero no productos sanitarios”.
Una vez separados, estos desechos deben ser depositados en los compostadores comunitarios, “siempre sin bolsa”, insiste Yaben, ya que “aunque sabemos que hay algunas biodegradables, depositarlas puede llamar a otro tipo de bolsas que no son descomponibles”. Al mismo tiempo, “si se echan bolsas cerradas, la materia no recibe aire y el proceso se ralentiza”, añade.
Una vez depositados en el compostador, hay que cubrir los desechos de comida con una fina capa de poda triturada –que la técnica denomina “estructurante”– para proporcionar carbono a la mezcla. Esta materia se alberga en un compartimento apartado, de menor tamaño porque, debido a la altura de los grandes, “había gente que estaba a punto de caerse dentro cuando se asomaba a por la pala, que en realidad, es una sartén vieja que hemos decidido reutilizar”, describe con humor.
En términos más científicos, desarrolla Yaben, la especialista en Medio Ambiente, “para producir compost se necesita mezclar residuos húmedos, en los que predomina el nitrógeno, que serían los de la comida, con residuos más secos, es decir, la poda, que aporta carbono”.
Esta iniciativa ha proporcionado a Etxauri, además de una forma de producir su propio abono, una manera de autogestionar las ramas y los restos de jardinería “que antes se transportaban a Arazuri y que ahora tienen utilidad aquí”, revela.
Un equipo de mantenimiento acude a las dos estaciones para cerciorarse de que el proceso se desarrolla de manera correcta. “Vienen semanalmente a homogeneizar, es decir, a mover la mezcla para que reciba aire o a regarla si se queda seca, con el fin de que el ciclo de biodegradación no se paralice”, concreta la técnica.
El mal olor, un mito
La alcaldesa reconoce que, “aunque siempre hay gente más reticente a sumarse a estas propuestas”, muchos vecinos ya están acostumbrados a acudir a la compra con sus restos orgánicos “para aprovechar el viaje y depositarlos en los contenedores. Sin embargo, más allá de los compostadores comunitarios, los habitantes que así lo deseen pueden gestionar sus residuos orgánicos desde sus domicilios.
No obstante, muchas familias temen llenar sus hogares de olores putrefactos. Ante esta preocupación, la técnica quiere en aclarar que “si se realiza correctamente, el compostaje no produce ningún tipo de olor pestilente”.
Cuando la mezcla de residuos orgánicos y poda triturada no se airea, es decir, no se remueve, “se queda en condiciones anóxicas”. En estas circunstancias, “comienza a pudrirse y ahí es cuando huele mal”. Sin embargo, si se gestiona de manera adecuada, “solo notas el olor cuando abres el contenedor y te acercas”, aclara.
Finalmente, una vez los desechos se han gestionado correctamente, se obtiene una “enmienda orgánica”, es decir, un abono, que, en palabras de Yaben, “mejora la calidad de los suelos y les aporta nutrientes”. En pueblos como Etxauri, obtener este fertilizante natural es especialmente útil ya que, a diferencia de la ciudad, hay muchos más espacios donde usarlo”.
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