“Siendo de Pamplona, ¿no te miran raro por vestir así?”. Ainhoa Escalada, una joven diseñadora de moda de Burlada, cuenta que su pelo rosa –aunque, hace unos días, naranja– y su estética extravagante suelen dar mucho de qué hablar allá por donde va. A la pregunta de si siente miradas críticas a su paso, ella contesta: “No lo sé, porque ya no me importa”. A sus 21 años, además de haber participado como ayudante de vestuario para C. Tangana y haber sido la vestuarista de varias funciones de teatro –entre ellas, Torcidxs, una obra de Las Nenas candidata en cuatro categorías de los Premios Max–, Ainhoa ha desarrollado un concepto de moda que rompe con los esquemas y apuesta por prendas “capaces de trasladar a quien las observa a un imaginario profundo”.
A su parecer, “vivimos en una sociedad que, todo el rato, nos desconecta de quienes somos”, y esto se refleja en la forma de vestir de las personas. Según ha podido observar, “nos preocupa tanto lo que los demás perciben de nosotros que nos olvidamos de lo que somos”. Cuando camina por la calle, mucha gente le dice: “Me encanta lo que llevas, pero yo nunca podría ponérmelo” o “es que a ti todo te queda bien”. Sin embargo, “lo único que me diferencia de esas personas es que yo me he atrevido a probar”, dice. “Me he escuchado y he experimentado con eso. A veces, es un proceso incómodo, sí, pero nos hace vivir con consciencia”, explica.
Se pasó toda su infancia y gran parte de su adolescencia sintiéndose “un cero a la izquierda” en los estudios. “Desde bien pequeña le decía a mi ama que nada de lo que aprendía me interesaba, y más de un profesor me advirtió que así no llegaría a nada”, relata. Se decantó por el Bachillerato de Artes creyendo que allí podría dar rienda suelta a lo único que despertaba algo en su interior, pero tampoco encontró lo que necesitaba. Entonces, huyó hacia el mundo del diseño de moda, donde sí pudo explotar su talento.
Si algo ha tenido claro desde sus inicios es que lo suyo es la moda conceptual. “Siempre busco que, cuando la gente vea lo que hago, lo asocie a mí y encuentre en ello sensaciones más allá de lo visible en una primera lectura”, explica. Su concepto de moda está muy lejos del de la mayoría. De hecho, a su juicio, la palabra “moda” está más ligada a la industria – “a Inditex”, bromea– que al arte; el pilar en el que, para ella, debería sustentarse.
Marca Guillotina
Al trabajar como vestuarista para funciones de teatro o películas, el guion impone ciertas restricciones a la hora de experimentar con los estilismos. Por eso, Ainhoa lleva meses trabajando en una marca de ropa que recibirá el nombre de Guillotina, en honor, precisamente, a ese afán de romper con lo establecido. Las prendas no solo estarán cargadas de simbolismos y de una alta densidad conceptual, sino que, al contrario de la mayoría de ropa que se produce en la actualidad, la de Ainhoa será reciclada, aunque desde la honestidad. “Muchas marcas dicen ser 100% sostenibles cuando no lo son. Yo no me voy a aprovechar del desconocimiento de la gente para pedir un precio desorbitado por la ropa”, revela.
La artista está diseñando una colección de prendas con una estética cuidada, pero a un coste accesible. “Quiero acercar la moda con conciencia e historia a todo el mundo”, cuenta. Como no podría ser de otra manera, la estética de Guillotina hará referencias a lo victoriano, lo gótico o lo draculino, al mismo tiempo que recurrirá a mezclas complicadas de colores y estampados, dejando claro que el minimalismo no es lo suyo.
Un sector precario
Cuando tenía 16 años, colaboró con un amigo que necesitaba asesoramiento de vestuario y, por seis meses de trabajo, Ainhoa solo recibió diez euros. Aunque se ha topado con clientes que han sabido valorar su trabajo, lo cierto es que la mayoría “no son honestos, nos dan presupuestos insuficientes o pretenden que cubramos los gastos de material con el sueldo que nos pagan”, denuncia.
Por eso, los inicios de esta artista se remontan al atelier de su profesor de costura. “El dinero no daba para más”, dice. En la actualidad –y al precio de unas cuantas horas extra en su segundo trabajo–, Ainhoa ya dispone de su propio taller de confección, a la vez que de una candidatura a los Premios Max y de una marca de ropa a la que ya solo le faltan unas pocas puntadas para ver la luz. Para sorpresa de algún profesor, al final, esta joven diseñadora no necesitaba de ningún sobresaliente en matemáticas para triunfar.