VAN ya dos días con tres horas y media de sueño por dedicarme, yo, perezoso funcionario de la enseñanza y la cultura, a trabajar de día y de noche, sin cesar. No siempre es así, pero veo que cada vez nos caen más tareas, porque expulsan a los que las hacían. En el caso de la universidad, las secretarías van desapareciendo y todo nos lo colocan con programas informáticos y ordenadores, a veces tan complicados que sería mejor escribir a mano o comunicarse con señales de humo, tardaríamos menos tiempo. Pero observo que es algo general, también entre los que trabajan en el mundo privado. Casi todos trabajamos mucho más para ganar bastante menos, más incómodos, con menos recursos, menos derechos, menos? Todas las culpas las echan a la crisis y a unos brujos financieros. Sin embargo, me escriben un correo: viven en España 46 millones de almas, de las que más de cinco millones están parados y sin poder hacer nada. Quedan para producir 41 millones. Pero de esos, 12 millones son abuelos, jubilados y amas de casa. Quedan 28 y pico para trabajar. Menores de catorce años, algo más de ocho millones. Quedan unos 20. Enfermos e impedidos, más de medio millón. Quedan 19,5. Ejército, policía, guardia civil, más de 3,5 millones. Quedan para producir 16. Obispos, curas, monjes y frailes, más de millón y medio, quedan 14,5. Funcionarios del Estado, más de 6 millones, quedan para producir unos 8. Macarras, prostitutas, jefes y artistas, más de millón y medio. Quedan 6,5. Toreros, intermediarios, faranduleros? un millón. Quedan 5,5. Presos, casi cien mil? Etcétera. Al final, el mensaje dice que para producir quedan 2, que somos tú y yo, así que prepárate, continúa, porque ya está uno harto de sostenerlo todo? Exagerado, sin duda, pero algo ilumina esta caricatura. Agricultores, fabricantes, pescadores, etcétera, cada vez son menos los que sostienen el edificio. Sin contar con quienes en la cumbre de esta pirámide egipcia, que usurpan el puesto del faraón, se llevan la mayor parte de los beneficios (banqueros, algún político, etcétera). Así que lo asombroso es que todavía podamos comer, alojarnos, viajar? Dan ganas, sin embargo, de irse a otra parte. Así que me voy volando a Grecia, a meditar con Sócrates, en Atenas, por qué nuestra sociedad quiso ser tan loca.
Ilia Galán