ME parece estupendo que en Navarra se tomen medidas para avanzar en la atención integral de las personas/mujeres que son víctimas de la violencia por la dominación masculina (y al revés también), ya que hasta ahora estas medidas son totalmente ineficientes e ineficaces. Primero porque de nada sirve que denuncie una tercera persona que conozca de primera mano los casos, por más que se diga que se llame si se es testigo de casos de violencia al 016, ya que ha de ser la propia víctima la que quiera denunciar y en segundo lugar porque si la víctima no tiene una red de apoyo familiar o amigos que la ayuden, los mecanismos que ponen a disposición las instituciones públicas son insuficientes, tanto a nivel de atención psicológica, como de atención formativa-laboral, como de acceso a viviendas como la aplicación de la Justicia. Y porque todavía se sigue educando a varones y hembras de manera diferente. Así, los hombres han de seguir siendo fuertes, competitivos, todos los héroes habidos y por haber; carentes de emociones y cazadores y hasta que no se empiece a dar muñecas a los varones para que jueguen de pequeños en vez de armas y pelotas, no avanzaremos en nada al respecto.
Lo que ya no es de recibo es seguir considerando la prostitución, es decir, al acto de ofrecer y demandar sexo-afecto por dinero, violencia de género. Lo que es violencia de género es que no haya suficientes empleos, suficientemente remunerados para cubrir las necesidades básicas vitales como son una vivienda saludable, la alimentación adecuada, el acceso a la formación cualificada y a la sanidad en toda su amplitud, tal como recogen los Derechos Humanos y la CE, en su artículo 35, para todas las personas del mundo mundial, sean hombres o mujeres, que lo mismo me da... Esto es lo que se tendría que prohibir y penalizar. Está más que demostrado que ante la falta real de otras oportunidades, la prostitución es una estrategia de supervivencia para las mujeres, que aunque se tenga que ejercer en condiciones duras, muy duras, es perfectamente soportable para la gran mayoría de personas que la ejercen ya que se desarrollan mecanismos de superación y resistencia como la llamada resiliance y al final compensa.
El otro factor de violencia es el estigma social, que discrimina a las mujeres y hombres, personas en definitiva, por ejercer la prostitución ninguneándolas, cosificándolas y juzgándolas moralmente. Afrontar el estigma es lo que se hace más duro, con diferencia. La etapa que se está en prostitución, se vive con el miedo a que se entere las personas más allegadas. Es contra el estigma contra lo que se tiene que luchar. Es decir, se tiene que prohibir discriminar.
Finalmente la pregunta que pongo sobre la mesa, si se incluye la prostitución como violencia de género, ¿se cerrarán y precintarán los prostíbulos de Navarra, incluyendo los pisos? ¿Qué será de esas mujeres, la mayoría inmigrantes? ¿Se verán abocadas a regresar a su país de origen donde, a mi modo de ver, estarán sometidas a más injusticias sociales? Por otro lado, la trata de seres humanos ha de incluir a todas las personas, sin excepción, no solo a las mujeres y sus víctimas ha de considerarse macrovíctimas, no ha de ir en una ley de violencia de género.
Finalmente, todavía no se ha llegado a un acuerdo para saber qué se ha de entender por explotación sexual, ya que es un concepto que admite varios significados. Por ejemplo, si yo digo que a una persona se le está obligando, bajo amenazas, a tener relaciones sexuales, para mí es violación, antes que nada... Organismos internacionales como la OIT hace tiempo que están recomendado que se llegue a un acuerdo para saber qué hay que entender de manera universal por explotación sexual, de la misma manera que se llegó en el Convenio de Palermo al acuerdo de definir qué es la trata de seres humanos.
Montserrat Neira
Trabajadora sexual, investigadora independiente de la prostitución en España, licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración, escritora, autora del libro Una mala mujer y articulista