la tatarabuela del rey que ha abdicado para que siga la dinastía borbónica (¡y a cazar con los petromonarcas islámicos del Golfo!) fue retratada así por Valle-Inclán: "La Católica Majestad, vestida con una bata de ringorrangos, flamencota, herpética, rubiales, pintados los labios como las boqueras del chocolate, tenía esa expresión, un poco manflota, de las peponas de ocho cuartos". Isabel II, añade Valle-Inclán, había desparramado su Majestad "en brazos de un pollastre", en brazos de una de sus conquistas, entre las que se contó Arrieta, el de la calle Ídem. Tras romper con su pepona de ocho cuartos, Arrieta compuso el himno ¡Abajo los Borbones! Arrieta era un navarro como otro cualquiera: trepador, ávido de reconocimiento, más monárquico que Su Católica Majestad con Isabel II en brazos, republicano contra ella... Un navarro como los que, en Leyre, con Barcina y otros beneficiarios de autodietas al frente, casi se rompen las manos de tanto aplaudir al Borbón dinásticamente impuesto (uno de los pocos contratos indefinidos de los últimos lustros y al precio habitual de la monarquía española, la de cuentas más opacas de Europa). El Borbón no vendrá avalado por la consulta popular, sino refrendado por el disciplinado voto de Salvador (el de la sicav) y Moscoso (el del manual para izquierdistas modernos). Con la tatarabuela del rey abdicado, la corrupción política fue amplia y la industrialización no terminó de pasar los Pirineos. Tampoco la Ilustración, que es esa mayoría de edad a partid de la que la ciudadanía elige soberanamente. Moscoso o Salvador nos preferirán perpetuamente en la minoría de edad de la que surgen el ¡vivan las cadenas! y el ¡aúpa los Borbones!