Si he mirado en los lugares adecuados, los Presupuestos de Navarra para 2026 destinan 23 millones al deporte. Eso hace un total de 33 euros por habitante, una cantidad escuálida. En el cómputo global, la aportación de las arcas forales significa el 0,35% del presupuesto, unas cifras bajísimas comparadas con otros países de nuestro entorno.
En ese aspecto, leer que la Fundación Miguel Indurain, que con todo mérito ayuda con unas humildes becas a más de 150 deportistas, sube un 4,8% su cuantía total para 2026 es una buena noticia, pero si vemos la cantidad destinada no deja de ser un pequeño empujón completamente insuficiente. Porque para este curso se van a destinar 353.000 euros, 16.000 más que en 2025, pero, para que se hagan una idea, el año pasado accedieron a ellas 169 atletas. Esto es: la media de ayuda recibida no llega a los 2.000 euros. Es, directamente, una migaja en mitad del inmenso esfuerzo que requiere tratar de ser competitivo a nivel de élite en los diversos deportes. El escalafón, la diferencia de cuantías, etc, están bien diseñados, pero lo que falla es finalmente la cantidad recibida. Los fondos de la Fundación son los que son y no dan más de sí. La cantidad destinada a becas de esta Fundación con respecto al presupuesto total de Navarra es el 0,005, algo irrisorio.
Lo dicho: tanto el 0,35% del presupuesto como este 0,005% son números muy bajos y más teniendo en cuenta el volumen de actividad deportiva que tiene lugar en Navarra, la enorme cantidad de clubes de base que sobreviven a fuerza de voluntarios que meten millones de horas para que niños y niñas practiquen deporte y los muchos atletas que tratan de hacerse un hueco en la elite renunciando a estudios, trabajos y unas mínimas condiciones salariales. Año tras año, esto no cambia, así que queda muy claro qué opinan nuestros dirigentes del deporte como generador de salud, bienestar y riqueza.