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El Molino, lo que nunca debió pasar

estos días pasados se ha escrito mucho sobre hechos muy graves ocurridos en el Centro Ocupacional El Molino. A través de esta carta, el grupo de extrabajadores del colegio El Molino abajo firmantes queremos seguir actuando, como lo venimos haciendo desde hace años, para que ninguna persona con discapacidad intelectual sufra vulneración de sus derechos nunca más.

La mayoría de nosotros habla con conocimiento de causa, el resto apoya este escrito. En ocasiones hemos comunicado a la gerencia, a la dirección educativa del colegio, e incluso al Patronato malas prácticas de profesionales con usuarios e irregularidades de gestión. Como resultado, no solo no hemos recibido nunca una respuesta satisfactoria, sino que hemos sufrido por parte de los responsables y de quienes les apoyan una auténtica caza de brujas, el desprecio, la difamación, la desconfianza, la vigilancia, la humillación, el vacío, el acoso y el mal trato laboral, llegando todos nosotros a ser apartados de nuestros respectivos puestos de trabajo bajo diferentes circunstancias, pero ninguna de ellas justificadora de despido. Estamos perplejos ante la ausencia de medidas disciplinarias al monitor encausado cuyas malas prácticas algunos hemos visto, cuando a nosotros se nos ha despedido sin faltas en nuestro expediente. Puntualizar que la noticia del 18 de marzo en Diario de Navarra sobre el despido de un compañero el 8 de marzo raya la calumnia. Los hechos ocurridos se han utilizado para despedir al único monitor crítico del Centro Ocupacional.

Como decimos en las primeras líneas, queremos hacer un esfuerzo para que nada de lo anterior vuelva a ocurrir. Estamos plenamente convencidos de que hechos tan graves solo se solucionan desde la búsqueda conjunta de la verdad.

En esa línea, en primer lugar, queremos hablar de un pequeño grupo de usuarios del Centro Ocupacional que han sido víctimas de malas prácticas. En su caso, determinar la naturaleza delictiva de los hechos y juzgarlos será tarea de los jueces. Nunca hemos olvidado la presunción de inocencia del imputado en la causa abierta, pero la verdad es que el gerente, la dirección educativa de El Molino y algunos compañeros olvidaron que la presunción también deja la puerta abierta a la culpabilidad y lo dieron por inocente desde que se supo de la causa judicial. Eso les llevó a olvidar la existencia de posibles víctimas. Víctimas que han sido alumnas y alumnos nuestros, con los que hemos llorado y hemos reído y a los que hemos dado lo mejor de nosotros mismos.

Ningún responsable de los centros El Molino ha hecho una triste llamada a las familias afectadas para preguntar, “¿qué ha ocurrido? ¿cómo está tu hija o tu hijo?”. Nada. Ningún gesto empático, afectuoso o simplemente profesional con estos usuarios. Más bien al contrario, hemos tenido que escuchar descalificaciones y faltas explícitas de respeto a estas familias que hoy día todavía el gerente se empeña en desacreditar. Desde estas líneas queremos mostrar nuestro apoyo a las familias afectadas. No queremos hacer daño a nadie, al contrario, nuestras palabras son de dolor y de reconocimiento del dolor ajeno, porque por nuestra profesión nos debemos a nuestros alumnos y alumnas; por ello alzamos la voz por las familias cuya vida ya nunca será como lo era hace un año. Sus hijos salieron felices del colegio El Molino, sus conductas reguladas y sus perfiles valorados para centro ocupacional. Desgraciadamente, en el Centro Ocupacional El Molino han tenido experiencias que ningún padre ni madre querría para sus hijos.

¿Daño? Hay muchas formas de hacer daño y la negligencia e incapacidad de los responsables para gestionar centros de atención a personas con discapacidad de los que dispone la Fundación Ciganda Ferrer en la calle El Vergel ha hecho un daño irreparable durante los últimos 6 años.

Creemos que estas verdades las tenemos que decir aquí y a gritos, gritos de pesar y de indignación, pero también de petición de un intento de reparación por parte de los responsables de tanto mal.

Hemos sabido que la Junta de Patronato de la Fundación Ciganda Ferrer va a realizar una auditoría de recursos humanos extendiéndola a familias y extrabajadores y va a implantar medidas sugeridas por el Departamento de Asuntos Sociales. Se lo agradecemos porque creemos que éste es el camino para la búsqueda de la verdad y la reparación de los daños infligidos. Deseamos que todo este proceso que se va a iniciar sea efectivo, pero sentimos decir que para nosotros y para muchos usuarios y exusuarios estas medidas llegan desgraciadamente demasiado tarde.

Firman esta carta: Marta Calatayud, Mª Carmen Lacunza, Lledó Lau, Amaia Olano, Charo Otermin, Celia Palacio, Iñaki Porto y David Rodriguez