La temperatura media en los 10 meses finalizados que llevamos de año en Pamplona es de 15,7 grados, cuando la media histórica es de 14. La temperatura de los últimos seis meses desde mayo es de 20,6, cuando la media es de 18. Noviembre, hasta ayer, va más de 3 grados por encima de la media, aunque se anuncia que a partir del lunes comenzará ya a hacer grados propios de la época, con medias diarias por debajo de 10 y no estas medias de 11-15 que estamos teniendo. En cualquier caso, por mucho que esta parte final del año sea fría, con que sea igual a la media normal nos conducirá a un año con una temperatura media de 14 grados y medio en Pamplona, cuando lo normal son 13. Un grado y medio más es una barbaridad y por lo menos en los datos de los que yo dispongo nos conduciría al año más caluroso desde que hay registros. Ante esto, que la inmensa mayoría de los científicos llaman cambio climático, con temperaturas más altas y episodios climáticos más extremos en forma de inundaciones y sequías, hay mucho trabajo por hacer a nivel mundial, institucional y personal. No todas las políticas son igual de importantes, pero sí que todas las actitudes suman y no será sino sumando millones de actitudes cuando se pueda activar un freno al despilfarro mundial de bienes, energía y materias y emisiones a la atmósfera. Es un conjunto de muchas cosas que pasa por decrecer o frenar y que abarca todos los planos de la vida, desde el mayor país hasta el ayuntamiento más pequeño. Aquí, en Pamplona, nos vamos a gastar 50.000 euros más –un 30% más– en la iluminación navideña debido a la subida de los costes de las materias primas. Nos informan que, no obstante, el horario de encendido y apagado de las luces se mantiene puesto que reducir el horario tendría un beneficio “residual” de apenas 1.000 euros. No es el gasto, ni siquiera el no verlo. Es la actitud. Nula, cuando no contraria.