Navarra sigue siendo una de las comunidades del Estado con menor riesgo de pobreza y exclusión social, con un 14,7% según los últimos informes conocidos. La red con la que cuenta la Comunidad Foral ha resistido hasta la fecha consiguiendo frenar la desigualdad, aunque ésta sigue existiendo. Precisamente es en esa cronificación de la pobreza donde hay que poner el foco, porque es dónde mas difícil resulta intervenir para conseguir romper el peligroso círculo en el que se ven atrapadas miles de personas también en Navarra.

La dificultad para el acceso a la vivienda, más en un momento como el actual de alza de precios en casi todos los ámbitos, sigue estando entre las reclamaciones de quienes trabajan codo con codo con las personas más vulnerables, con la verdadera cara de la pobreza, que no se visualiza en las estadísticas ni los informes. Esa falta de un techo donde refugiarse y lo que ello acarrea para las personas que se ven obligadas a vivir en la calle fue precisamente una de las denuncias formuladas por el director de Cáritas esta semana en Pamplona, alertando de que es un “verdadero problema en la sociedad”, que en los últimos meses afecta a personas muy jóvenes. Al realizar el balance del año desde esta entidad apuntaron que, pese a la realidad de los datos económicos de Navarra y la tasa de pobreza registrada, todavía hay muchas personas que no cuentan con los recursos mínimos para poder vivir, ni para acceder a una vivienda, ni para poder hacer frente a la pobreza energética, ni para optar por una cesta de la compra saludable. Cáritas Diocesana de Pamplona y Tudela ha atendido a 5.404 personas en 2022, 671 más que en 2021, lo que supone un aumento del 14,18% y un cambio de tendencia, ya que el año pasado se registró un descenso del 20% debido a la pandemia. Este incremento se traslada también al total de personas beneficiadas, que asciende a 13.202, un 19,76% más que el año anterior. Además se ha registrado un aumento en el número de personas que acuden a Cáritas por primera vez con 1.558, un 56% más. Y de quienes acuden a estos centros, casi un 35% no tiene ningún tipo de ingreso y muy escasas vías de reintegrase socialmente. Dato que preocupa también por la juventud de estos usuarios, muchos menores de 25 años. Jóvenes para los que es urgente una salida laboral y vital que les permita sentirse ciudadanos de pleno derecho, porque tal como alertan, vivir mucho tiempo en la calle les aleja más de la posibilidad de reincorporarse a la sociedad”.