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Mesa de Redacción

Joseba Santamaria

Del ruido a lo importante

Del ruido a lo importanteArchivo

Visto el estruendo insoportable en que sigue instala la política española, algo que ocurre cada vez que la derecha pierde en las urnas la mayoría democrática en el Congreso y el Gobierno, y llegando al inicio de la Navidad casi mejor escribir hoy de lo importante. De algo que tenga al menos cierto valor humano. El último informe más sobre la situación la pobreza y el riesgo de exclusión en Navarra señala que es la comunidad con la menor tasa de pobreza infantil del Estado, aunque el riesgo ha crecido cinco puntos tras la pandemia. No son datos para la autocomplacencia, reflejan una dura realidad a la puerta de nuestras casas. Más cerca de lo que llegamos a pensar. No es consuelo claro, pero pienso que al menos la pobreza y el riesgo de exclusión tienen en Navarra espacios de protección social desde la universalidad de los servicios públicos y las políticas públicas de inclusión social. No se puede renunciar a la verdad: la protección de los más débiles es un signo de fortaleza social, el abandono de quienes menos tienen y de los que más sufren es un signo transparente de un mundo peor. Una protección que no alcanza a las inmensa mayoría de los cientos de millones de personas, muchos niños y niñas, que padecen una condena permanente a la vida en miseria. Un círculo cerrado en el que la pobreza lleva a la enfermedad y la enfermedad asienta la pobreza. Son unos pocos datos, habrá otros también. Cada año, 10 millones de niños mueren antes de los cinco años de edad. Un niño o una niña muere cada tres segundos, la mayor parte por causas prevenibles. Dos millones de niños en el mundo fallecen a causa de la neumonía y se estima que más de cuatro millones de niños y niñas más mueren como consecuencia de infecciones severas, diarreas o malaria, entre otras. Todas estas enfermedades tienen soluciones de muy bajo coste: la vacuna contra el tétanos, que causa la muerte de 215.000 recién nacidos y de 30.000 madres, sólo 40 céntimos de euro. La vacuna contra el sarampión, apenas 15 céntimos de euro. Las sales de rehidratación oral para combatir los efectos de la diarrea, 50 céntimos y los antibióticos para tratar la neumonía, 30 céntimos. Además, si actualmente 3,5 millones de niños en el mundo mueren cada año por desnutrición, las estimaciones apuntan que, para el año 2080, hasta 600 millones de personas podrían padecer desnutrición grave como consecuencia del aumento especulativo del precio de los alimentos básicos, guerras, sequías y otras catástrofes naturales. Y la realidad es peor que las estadísticas siempre. En realidad, frenar la pobreza, impedir muertes previsibles y extender sistemas de protección mínimos a quienes nada tienen es muy barato. Un compromiso de bajo coste. Mirar para otro lado cuando las nuevas formas de esclavitud y la condena a la pobreza se esconden bajo la apariencia de desarrollo económico es indigno de un modelo social basado en los principios del humanismo y la igualdad de oportunidades. Para ello se necesita recuperar la política democrática, la solidaridad humana y la justicia social como categorías de convivencia común previas a la exclusividad de la avaricia economicista que impera ahora. Si acabamos con todo, no quedarán más penosas ruinas para la historia futura.