Navarra afronta la nueva campaña electoral que arranca el jueves por la noche con los futuros pactos postelectorales, de nuevo, sobre la mesa. Sin mayorías absolutas en el horizonte político no queda otra que negociar para conformar tanto el nuevo Gobierno de Navarra como los equipos de gobierno municipales. La presidencia del Gobierno dependerá del equilibrio de fuerzas y quién ocupe la segunda fuerza será clave en la presidencia.
Todo apunta a que se podrá reeditar un acuerdo de progreso desde dentro de Gobierno -con PSN, Geroa Bai y Podemos-, o con apoyo externo de EH Bildu desde el Parlamento foral. Otra clave importante es saber cómo afecta la ruptura de Navarra Suma en el nuevo escenario electoral y los cálculos estratégicos que hará Ferraz con sus peones en el ámbito regional y local con unas elecciones generales a la vista previstas a final de año. Esa fórmula tiene un punto débil en algunos ayuntamientos el de Pamplona por las reticencias de los socialistas.
También en Barañáin, Egüés o Burlada, hoy con alcaldías de Navarra Suma como lista más votada, o en Estella. En Iruña bajo el vaticinio de que lograrán ser la segunda fuerza –que ahora no lo son– anuncian que se votarán a ellos mismos y para poder desbancar a UPN el resto tiene que apoyarles. Doble trampa del PSN que también apela a la identidad como discurso frentista al señalar que Pamplona “no es independentista ni conservadora” (Elma Saiz): una proclama maniquea que hace anteponer el debate identitario (como si el centralismo político de Ferraz no lo fuera, tratando de reducir la defensa del autogobierno al fantasma del anexionismo vasco o limitar el choque al PSN y EH Bildu obviando que existen otras fuerzas) para desviar la atención de otros temas sociales fundamentales para la ciudadanía como la vivienda.
En Iruña se acaban de vender a promotores privados solares que podrían estar en manos de Nasuvinsa para levantar vivienda de alquiler social. Por no hablar de la ínfima rehabilitación de vivienda municipal, la privatización de servicios, las políticas de movilidad, la escasa inversión en barrios o la nula participación popular que llevan el sello de Maya. Si lo que el PSN pretende es no entregar la alcaldía a EH Bildu si vuelve a ocupar el segundo puesto habrá que recordarle que la formación abertzale ha llegado a pactos con el PSOE para sacar la Ley Estatal de Vivienda y, en Navarra, la mayoría de leyes aprobadas este mandato y los cuatro presupuestos. Lo que vale para el Estado o para Navarra debería valer para la ciudad.