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Elecciones

EleccionesJavier Bergasa

Hoy es el día de la trinchera. La munición democrática son las papeletas de votación; las urnas, el hospital de campaña. Esta noche habrá heridos de distinta consideración. Elecciones generales de emergencia, de carácter casi plebiscitario, con la disyuntiva sesgada en el bipartidismo y sus respectivos monaguillos. Bloques. Frentes. La cercania del 18 de julio nos puede advertir de las consecuencias surgidas de aquellas ideologías reaccionarias. Fecha con memoria histórica. Cuidado con los arrebatados por la nostalgia autocrática. De los escarmentados, los avisados. Desde una honesta subjetividad, la política suele resultar decepcionante. Egoísta, egocéntrica, oscura, clientelar, dilapidadora, mentirosa, arribista. A veces despreciable, pero siempre necesaria para la organización social. Herramienta imprescindible si sus cimientos son democráticos. Costó mucho construirlos y asentarlos. Los arquitectos se formaron en la escuela del régimen franquista, mantuvieron constitucionalmente atados la Monarquía y el principio de unidad indisoluble, aceptaron con resistencias la no confesionalidad del Estado y su configuración autonómica... Y nos incitaron a proclamar el calificativo “modélica” aplicado a la Transición. Coló. El miedo al retroceso nos hizo vulnerables. La incredulidad por el cambio en ciernes contuvo mayores exigencias. Desde hace una docena de años hablan solo las palabras. A algunos, les jode. En la vida y en la política, todos somos herederos de un pasado. Con tributos ineludibles. El compromiso generacional consiste en avanzar, progresar, mejorar. A un ritmo asumible por el conjunto de la sociedad. Los sobresaltos aturden y distancian. Mucha tarea por delante. Hipótesis: Sánchez necesita de modo ineludible a EH Bildu para alcanzar mayoría de investidura y EH Bildu le exige a cambio plazas en un Gobierno de coalición en Navarra. ¿Echaría Bildu ese órdago? ¿Qué haría el candidato socialista a la Moncloa? Por ziriquear.