Han subido el IVA de determinados alimentos básicos -pan, leche, aceite, huevos, harinas, legumbres, verduras, frutas, hortalizas…- del 0% al 2% y en enero será al 4%. Yo lo noté al ir a por el pan y que la barra que me costaba 1,20 me costó 1,22. Dos céntimos no es nada, pero si fuésemos una familia de dos barras, que es bastante normal, ya serían unos 15 euros al año, que serán 30 euros al año cuando suban al 4%. A eso súmenle lo que se gasta en alimentos de día a día como fruta, verdura, legumbre, queso, huevos, etc. Dicen que 39 euros al año. Para mí que tiene que ser bastante más, a no ser que, como hace mucha gente, te alimentes de lo más barato y con girasol: arroz, pasta y legumbres y fruta poca y a saber qué calidad. Comer es una actividad casi lujosa para miles de familias a las que no les sobra un solo euro a final de mes, por mucho que te digan que la inflación se ha contenido. El asunto es que las subidas de la inflación en la cesta de la compra, unidas a subidas ahora de gas o electricidad, no se han visto acompañadas en la misma medida por una subida lineal en los sueldos, con lo cual es más que evidente que el poder adquisitivo de millones de personas es menor que hace unos años y que el peso que tiene el gasto en alimentos en cada hogar es cada vez mayor, so pena, claro, de quitarse de montones de alimentos que antes eran más habituales o de marcas y que ahora por sus precios casi inalcanzables muchas familias ni se plantean. No tengo ninguna duda de que muchos comen peor que hace un lustro, de la misma manera que las estadísticas de las asociaciones de ayuda y de bancos de alimentos son claras: cada vez más familias incluso de clase media tienen que acudir a estas fuentes para cubrir sus necesidades. Una subida de dos céntimos en una barra un día es una minucia, en el contexto de más subidas y durante todo un año puede ser una cifra para muchos decisiva.
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