El negocio del fútbol, como cualquier otra actividad económica, se define por la panoplia de indicadores que dan fe de su dimensión. Un exhaustivo informe, el último realizado por la consultora KPMG al respecto, cuantifica esas variables para confirmar el impacto directo, indirecto o inducido de la actividad, que se mide en 18.350 millones de euros, cifra que equivale al 1,44% del PIB del Estado, y que deriva en una recaudación en impuestos de aproximadamente 8.390 millones de euros (IVA e IRPF, entre otros) para las arcas públicas.
Un somero desglose del dato sirve para descubrir que el impacto directo de esta industria alcanza más de 8.316 millones de euros. De ellos, más del 78% (alrededor de 6.500 millones de euros) se corresponden con el gasto de los aficionados en productos y servicios asociados a los distintos equipos en liza. Por ejemplo, el gasto en quinielas y apuestas en todas las variables existentes alcanza 2.954 millones; Internet, 1.129 millones; el reservado a las plataformas de televisión de pago, 827 millones; y el dedicado a hostelería, entradas y otras derivadas, 1.613 millones de euros.
Toda esa actividad requiere de 194.000 empleos directos e indirectos en clubes, empresas de servicios, medios de comunicación y sectores relacionados como la hostelería y el turismo. La trascendencia de este deporte profesional en el Estado, sin duda, atrae inversiones y genera trabajo y riqueza, aún a costa de otras consideraciones, al menos, igual de importantes, si no más, para la construcción y crecimiento de este sector, pero que han quedado relegadas a un segundo plano. Los sentimientos por los escudos y los colores, el sentido de pertenencia e identidad grupal, las rivalidades, los derbis, los clásicos y otra serie de variables ligadas a intangibles difícilmente cuantificables numéricamente no han perdido su importancia en cuanto derivan en facturación.
Sin embargo, todo ello, ha dejado de ser la parte más importante del fútbol, la que lo ha configurado y llevado a la situación actual. Los horarios de los partidos ideados única y exclusivamente para la explotación del producto en las televisiones, los a veces prohibitivos precios del marketing y de las entradas o el traslado de partidos a otros países para ensanchar mercados son solo algunas de las cuestiones que definen el actual statu quo existente entre la industria del fútbol y la afición al deporte.