Joder, a mi edad y con estas cosas, no esperaba yo, la verdad. Me refiero a estar orgulloso de algo decidido por el gobierno de España, que supuestamente me representa ante el mundo. Pues pasó: cuando Sánchez dijo que no se iba a plegar a las decisiones de Trump y Netanyahu, sentí satisfacción, una leve ola de orgullo de formar parte de esto. Yo esta situación reviso y me ha pasado pocas veces.

Pero esta vez, al margen de que las bases norteamericanas puedan ser usadas o no porque están dentro de un convenio, que un gobierno español critique claramente una acción evidentemente ilegal del Tío Sam, en manos esta vez de un demente, es para sentir cuando menos alegría. Y no, no, eso no te alinea con China, Irán, Hamás o Corea del Norte, te alinea con el derecho internacional que confiamos que alguna vez vuelva, te alinea con la humanidad de respetar por encima de todo la vida ajena, te alinea con la inteligencia capaz de querer lo mejor para un pueblo oprimido pero no a través de esas vías y, en resumen, te alinea con los países que posteriormente a España han ido mostrando también sus serios reparos a este tinglado en el que se han metido Gotera y Otilio y del que no sabemos cómo van a salir y a qué coste, habida cuenta de que Irán no es la perita en dulce que ellos esperaban, en clara repetición del error de cálculo ruso ante Ucrania.

Luego Sánchez y sus políticas y sus motivaciones te pueden gustar mucho, poco, nada o directamente serte indiferentes, pero que en el resto del mundo vean que aquí al menos hay un pueblo que no está de acuerdo con que el planeta se rija por la ley del chulo del patio siempre es algo a celebrar. Se pueden y se deben, por interés nacional, tener las mejores relaciones posibles con las principales potencias mundiales, pero no a base de decir sí a todo y siempre. Ya digo, satisfecho por una vez de que alguien le haya dicho así no al imperio.