Antes de la gala de los Premios Goya, y a cuenta de la película Los domingos, la actriz y humorista Silvia Abril soltó con desdén en la tele pública que se niega a aceptar que la chavalería tenga esa carencia (sic), necesite creer en algo y se agarre a la fe cristiana. ¡Menudo chiringuito tenéis montado!, ironizó refiriéndose a la Iglesia en plena Cuaresma.

Como defiendo la libertad de expresión, y me interesa el debate sobre el peso social y cultural de la religión, ningún problema con ese juicio, venga de la Niña de Shrek o del Niño de Elche, aunque prefiero que se exponga con más respeto y en foros adecuados. Y, Dios me perdone, rechazo que se castigue por ley el vilipendio del cristianismo y, por supuesto, la blasfemia. Eso sí, a cambio me gustaría que alguien aclarara por qué lo dicho allí es una muestra de progresismo y lo que no se dijo, estando también en pleno Ramadán, se considera un pecado ultra, xenófobo y hasta racista.

Se podría, para constatarlo, regalar el mismo micrófono a quien desee criticar con igual desprecio el chiringuito islámico en, un suponer, el programa de Broncano. “Me niego a aceptar que otra juventud, y otra adultez, se aferre a la tradición o al miedo a Alá para prohibirse del alba al ocaso placeres tan goyescos como el comercio, el bebercio, el fumaque y el follaje. ¡Menuda carencia voluntaria, vaya panda de pringaos!” ¿Se lo imaginan? Y si, ya de paso, se le quitara al bocachancla de turno el marchamo de facha, muchísimo mejor.

Gran palabra esta de marchamo, herencia del árabe hispánico máršam, ‘hierro para marcar’, y el arameo ršam, ‘grabar’. Ya estamos todos, pues. A jurar.