Hacer política es más cómodo cuando se practica contra algo -ya se sabe que contra Franco vivíamos mejor-. A la agitada partida política de Pedro Sánchez le ha entrado una carta que le permite, por primera vez en mucho tiempo, jugar a no contener pérdidas y arrastrar con los triunfos de una fórmula contrastada: la del no a la guerra.
A Sánchez se le ve mucho más cómodo confrontando con el belicismo y dispensando clases de moral que propiciando la verdad y reparación de las víctimas de Estado. Su declaración pública sin periodistas era terreno controlado. Su destinatario, el votante español; ni Trump ni la oposición ni los líderes europeos aludidos por omisión. Pero, más allá de sus razones sobre derecho internacional y guerra, lo que le reforzó fue el contraste con el relato ajeno. Por su izquierda, Ione Belarra respondió en rueda de prensa con un eslogan mucho más ajado -OTAN no, bases fuera- que ya perdió un referéndum.
La derecha española -desde Núñez-Feijóo a Santiago Abascal, pasando por la FAES de José María Aznar- no perdió tiempo en darle la razón recetando seguidismo. Que Aznar defienda la foto de las Azores es simple autojustificación de su fracaso; que Abascal llame a la cruzada contra el infiel, también. Pero, si Feijóo no tiene más relato que el de situar a Sánchez contra la corriente, le da todo el terreno de juego; si hay algo peor que estar en la periferia de la Historia es apuntarse a gregario en el epicentro de la vergüenza. Ya ven que no es tan complicado ponerse a hacer frases redondas.
El hijo de tal o el hijo de cual
- Sucesión de Alí Jamenéi. Prácticamente todo el mundo había olvidado al hijo del sha de Irán -de nombre Reza Pahlevi, como su padre derrocado- hasta que empezaron a caer bombas en el país. La vieja monarquía es para algunos hoy una posibilidad de democracia tras haber sido una dictadura. Al otro lado, otro hijo de tal se perfila, según dicen, como sucesor de Alí Jamenei. Si Mojtaba gana las quinielas perderá todo lo demás: emblema de un régimen brutal y despreciable y en el punto de mira de los misiles de Israel. Algo mejor que una monarquía o una teocracia hereditarias ya merecen los iraníes.
Como Pello Otxandiano, que lanzó un eslogan luminoso y superficial sobre la “economía de la paz” en el que se hizo entender apelando al bolsillo del consumidor de energía -o sea, todos-. Pero EH Bildu se pone de perfil ante la realpolitik de la dependencia energética por no cabrear a esa clientela suya que tampoco quiere molinos ni placas solares. La política son vasos comunicantes, no estancos. Soplar y sorber no es gobernar.