Después de la victoria ante el Real Madrid nos vinimos arriba, cómo no. 33 puntos a falta de 13 jornadas, novenos en la tabla, Europa a 1 o 2 puntos, el descenso ya a 9. Pero comenzó el marzo maldito: derrota en Valencia: empate (y gracias en casa) ante el Mallorca y nueva (e inapelable) derrota en Anoeta. Solo 1 de 9 puntos.
Que no es que haga temer por la permanencia (ahora a 8), pero que hace replantearse si Osasuna está en condiciones de lograr una plaza continental o al menos de lucharla hasta el final, que debería ser lo mínimo exigible. Decía Braulio ayer que el equipo nunca se deja llevar en el final de la temporada, pero quien más quien menos recuerda años en los que sí.
Por tanto, urge la reacción, y tendrá que ser el sábado en casa ante el Girona. Para volver a mirar arriba y, sobre todo, para que este marzo no sea tan maldito como para sepultar él solo todas las ilusiones del equipo.