Lo cierto es que la huelga general convocada en Navarra y la CAVpara reivindicar un salario mínimo propio (SMI) de 1.500 euros se ha dejado notar, ha tenido un seguimiento importante, más en la industria y las aulas y menos en servicios, comercio y hostelería y también más en unas zonas de la Comunidad Foral que en otras, pero la convocatoria de la mayoría de los sindicatos navarros ha sido relevante.
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También ha tenido incidentes menores y actuaciones macarras que obvian que la huelga es un derecho individual y no una obligación colectiva. Pero sobre todo ha servido para situar el objetivo básico de afrontar la necesidad de un salario mínimo que se adecúe a las exigencias del coste de la vida y de las diferencias salariales en el debate público, político, social y sindical. Resulta difícilmente comprensible el rechazo de sindicatos importantes a una medida así. Tiene toda la lógica y no es ninguna excepción. Sin ir más lejos los trabajadores navarros de Bajanavarra tienen un SMI que duplica el actual en Navarra y es diferente en otros territorios y estados de la UE. Que el actual ordenamiento jurídico-político lo impida, no es razón de peso para rechazarlo con la excusa de la imposibilidad y descalificar la posición contraria.
Con ese argumento el movimiento sindical no hubiera existido. Se supone que el sentido y la acción de los sindicatos es mejorar y avanzar en las condiciones salariales y laborales de trabajadoras y trabajadores haciendo posible lo que en un momento dado es imposible. Con el diálogo, la confrontación y la negociación y con el nexo común de una justa redistribución de la riqueza. Si los sindicatos no logran transmitir hechos reales de mejora de las condiciones de las trabajadoras y trabajadores, sobre todo de quien peores condiciones salariales y laborales tienen, acabarán siendo vías inútiles en la defensa de los derechos sociales y laborales.
Miles de personas reclaman en Pamplona un SMI propio
Lo mismo que es exigible a los empresarios la responsabilidad social que les atañe más allá del mero cálculo de beneficios y la recuperación de un modelo de relaciones laborales que ha sido seña de identidad de este país. Existe un riesgo político real de retroceder situando a Navarra en el absurdo demagógico y populista de una supuesta igualdad a peor por el falso concepto de una España uniforme condenando a sus trabajadores, los que tienen el salario más bajo además, a padecer un SMI que es insuficiente para el coste de la vida donde desarrollan su profesión. No es nacionalismo, ni patria, es justo, es sindical y solidario y tiene peso ideológico.
Hay sombras oscuras, de nuevo, sobre el autogobierno. Su salvaguarda es fundamental para reimpulsar el desarrollo socioeconómico de Navarra en la actual situación de crisis. La obscenidad política confunde y contamina la vida cotidiana. Un futuro más humano, más solidario y más justo es lo que está en juego. Es el fondo del debate en un tiempo en el que la ola reaccionaria avanza en del recorte de derechos sociales, laborales y democráticos.