Una guerra que iba a durar tres o cuatro días llega a los 25. A un anuncio tras otro de que la guerra estaba terminada le ha seguido una nueva amenaza sobre el pueblo de Irán. Los ataques aéreos se mantienen y las víctimas civiles crecen día a día y a todo ello responde Irán también con bombardeos y misiles y nuevas víctimas en Israel. Al anuncio de Trump de que en 48 horas destruiría las instalaciones eléctricas de Irán le ha seguido otro cambio de opinión, el enésimo, anunciando que lo pospone cinco días porque está manteniendo conversaciones constructivas que Irán niega. Netanyahu, el personaje más interesado en esta carrera de guerras y crisis generalizada, pide ayuda a todo el mundo porque parece que se le está haciendo ya un poco cuesta arriba.
El primer problema para los ciudadanos de a pie de este mundo es que no hay acceso a una verdad objetiva y segura. Se suman una tras otra informaciones, pero todas quedan en nada a las pocas horas o días. El tufo a manipulación, confusión buscada y desinformación de la política de declaraciones habitual en este tiempo. No ya en la política cercana, en la economía, los mercados, la banca, la empresa, el fútbol y el deporte en general, etcétera. En realidad, lleva así años y va a peor con las redes sociales, la inteligencia artificial y demás añadidos. Y la respuesta de la democracia es mínima, casi de cumplir los expedientes conforme llegan al presente las nuevas crisis. O, aún peor, las mismas recetas de siempre que han abocado al mundo a estas profundas crisis que tienen mucho, si no todo, de estafa inmensa. Cada giro de guión de Trump al día mueven la economía y el dinero y unos, los que tienen la información de antemano, se forran otras vez y otros, la mayoría, vuelven a palmar. Este siglo XXI está siendo una sucesión de crisis: inmobiliaria, financiera, bursátil, climática, alimentaria y de capacidad adquisitiva, inflación o sanitaria. Y llega la invasión de Ucrania por Rusia y las crisis se vuelven a activar sin haberse desactivado del todo, y ahora la guerra de EEUU e Israel con Irán y la inestabilidad de todo Oriente Medio vuelve a lanzar precios en prácticamente todos los ámbitos básicos para la industria y la vida que acaban afectando a todos los sectores de la economía, el consumo y los servicios.
La sucesión de crisis, desde Irak a Afganistán o Libia y de Ucrania a Irán, Palestina o Gaza, han demostrado que la sumisión cómplice y humillante de la democracia a unas reformas impuestas para beneficio de unos muy poco milmillonarios muy ricos y poderosos no ha detenido la desmesura inagotable de la avaricia y la usura mercantilista. Llevamos ya más de dos décadas caminando por este siglo XXI y casi todo ese tiempo con una sensación de hacerlo por el filo de la navaja. Ya lo hacemos en medio de una crisis humana, política y económica de consecuencias cada vez más impredecibles.