La guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán va a suponer una inmensa tragedia en términos de vidas humanas en una de las zonas más calientes y castigadas del planeta. Y, de rebote, amenaza con hacer saltar por los aires las previsiones económicas de Europa, que contemplaban una cierta aceleración del crecimiento alemán, y en menor medida de Navarra, que seguirá creciendo por encima de la media de la Zona Euro, pero que va a acusar a muchos niveles el encarecimiento de la energía.

El primer aviso lo dieron este viernes el Instituto Nacional de Estadística y el Banco de España. El primero confirmó que el IPC cerrará marzo con un incremento del 3,3% respecto al mismo mes del año pasado. Supone, en términos intermensuales, el mayor incremento desde que Putin decidió invadir Ucrania en marzo de 2022, desatando una guerra que dura ya cuatro años y una espiral inflacionistas que hoy amenaza con repetirse. El regulador bancario estimaba que, en el peor de los casos, si la guerra se prolonga durante meses, la inflación podría dispararse hasta el 6% abonando un periodo de estanflación (bajo crecimiento y precios elevados) que pondrá contra las cuerdas a buena parte de los gobiernos y que causará dolor en sociedades que no dejan de sortear una crisis tras otra.

Porque, como se va a comprobar con total seguridad en las próximas semanas, el alto precio de los carburantes impactará en los lineales de los supermercados, encareciendo la alimentación y otros productos básicos. Una dinámica que, a lo largo de los meses, únicamente provoca el empobrecimiento de las personas que viven de su sueldo, que no se actualiza al ritmo al que viajan los precios. El acceso a la vivienda, ya complejo de por sí, se va a complicar si el euribor mantiene su senda alcista y las condiciones para acceder a un crédito comienzan a estrecharse, con un encarecimiento de los préstamos. También los ahorradores notan el impacto de la subida de tipos: los fondos de deuda y las acciones llevan tres semanas bajando.

Un empobrecimiento general, con impacto directo en los bolsillos, y frente al que las respuestas anunciadas desde el Gobierno central, el navarro y el vasco son imprescindibles y solo el tiempo dirá si suficiente. Tanto Navarra como la CAV, territorios eminentemente industriales, poseen economías solidas. Pero también, como aseguraba esta semana BBVA Research, sufrirán algo más que la media un deterioro del comercio internacional.