Quieres creer, claro. Pero recuerdas que creíste muchas veces y antes o después os les cazaron o cantaron. Ciclistas, atletas, nadadores, halteras, futbolistas menos por vete tú a saber qué, de todas las especialidades, pero la historia del deporte está indefectiblemente unida al dopaje y son muchos los grandes campeones y campeonas que alguna vez dieron positivo o que compitieron en épocas en las que el dopaje era generalizado. No tengo ni la más remota idea de si el ciclismo hoy en día está limpio, limpio al 80%, al 50% o al 0%. Sé que muchas veces la trampa iba por delante de la ley y no sé si es el caso. Lo que sí sé es que quiero creer, pero, a veces, cuesta. Y cuando me cuesta no quiero decir con eso que dude de nadie ni de nada de lo que cito a continuación, sino que ves ciertas cosas que se salen tanto de la normalidad que precisamente por eso llaman la atención.
Seixas, por ejemplo, un chaval de 19 años y medio que tiene toda la pinta de ser un portento de esos que nacen cada 10 años –Pogacar hace 7 años ya que fue podio en la Vuelta– y que ayer arrasó a todos sus rivales en la Vuelta al País Vasco atacando en San Miguel de Aralar y sacando minuto y medio en la meta de Mendukilo. Claro, puede pasar, sí, pero ves que batió el récord de la ascensión por dos minutos, casi un 10%, y no dejas de plantearte si esto es todo achacable a la tecnología unida a un motor, el del chaval, llegado de otra galaxia. Y porque es algo nunca visto antes, a esa edad. Y posiblemente el pensamiento es injusto, pero en cierta forma es inevitable, como con esa sombra en forma de preguntas ha convivido Pogacar y él mismo ha declarado que le parece lógico que le pregunten por el tema vista la historia del ciclismo. Cuando alguien se sale del listón de una manera tan destacada y más en un deporte individual, te asalta esa idea. En todo caso, ese muchacho apunta a leyenda.