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Fiscalidad justa y equitativa

Fiscalidad justa y equitativaJavier Bergasa

La Campaña de la Renta está en marcha. Se tramitarán 395.000 declaraciones, de las que Hacienda Foral elaborará y remitirá a los ciudadanos 221.446 propuestas; el 61% serán con resultado de devolución para los contribuyentes navarros. Tiempo de inquietud y dudas, malestar también azuzado por los discursos contra la fiscalidad y tiempo habitual de errores o saturaciones tecnológicas en las tramitaciones con Hacienda. Casi todo se repite cada año.

Sobre todo recobran fuerza las consignas de los demagogos que pregonan la desregulación fiscal y, en realidad, cualquier regulación democrática. No son buenos tiempos para el bien común, la igualdad de oportunidades, la solidaridad, la redistribución de la riqueza o la justicia social. La demagogia fiscal se expande en favor de los intereses de una minoría muy minoritaria que tiene como único final conformar una sociedad en la que se instale la desigualdad.

Todas las demagogias son de fácil consumo. Tratan de engatusar precisamente a quienes serán los perjudicados. Ése es su campo de juego. Pero no se puede renunciar a la verdad: la protección de los más débiles es un signo de fortaleza social, el abandono de quienes menos tienen y de los que más sufren es un signo transparente de un mundo peor.

Las fortalezas de Navarra como comunidad y como proyecto político, su capacidad de desarrollo económico y de mantener un sistema de bienestar propio, se sostienen en un sistema de cohesión social fuerte que abarca la educación, la sanidad, la atención social y los cuidados construido desde una fiscalidad a partir del autogobierno foral. Defenderlo es una obligación, porque perderlo será la puerta al desastre.

Hay que visualizar lo que está en juego en este tiempo incierto y volátil en el que los derechos humanos y los valores democráticos son el objetivo prioritario de las corrientes ideológicas negacionistas y reaccionarias. Posiciones que suman adeptos, triunfan en las urnas y ganan espacio social, incluso estético en sectores jóvenes. Un neoconservadurismo derechista opuesto radicalmente al diseño de una sociedad asentada en la ética humanista y la justicia social.

Una ola que crece bendecida por la globalización neoliberal. Jugar a la demagogia fiscal de la propaganda para tratar de no ver esa situación es una mala propuesta. Navarra necesita consensuar un nuevo contrato social con el conjunto de agentes implicados en el ámbito social, político, laboral y empresarial que garantice ingresos suficientes para impulsar una inversión y gasto públicos eficaces y garantistas.

Lo otro es un simplismo político para priorizar el horizonte electoral o el máximo beneficio que puede ser un grave error si la economía no evoluciona según las previsiones. Y las previsiones económicas hoy no son precisamente halagüeñas en el mundo. En este contexto, el diseño de una fiscalidad justa y la corresponsabilidad honesta de navarras y navarros es imprescindible.