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Juan Mari Gastaca

Amigos por el interés

Amigos por el interésFERNANDO VILLAR

La política hace amigos de conveniencia. Vox y PP pactan con la mano en la nariz porque a partes iguales se necesitan y se detestan. Yolanda Díaz ya no soporta más a Junts. Ha tardado tres años en darse cuenta de que convivía en el grupo interesado de la investidura con un partido “racista y clasista”. Ayuso agasaja a Corina Machado para desgastar el zapaterismo de Sánchez. Y en plena polémica descarnada sobre la regulación masiva de inmigrantes, Abascal, después de asegurarse la foto también con la opositora venezolana, siembra de minas en Extremadura el camino de la convivencia con la “prioridad nacional” en el acceso a la sanidad y a la vivienda en un aviso a navegantes para próximas negociaciones de mayor rango.

Cada cual elige sus compañeros de viaje. A veces por afinidad, en ocasiones por apremio. En un lado, el presidente Sánchez redobla su cruzada contra la derecha y su beligerancia antibélica refugiándose en una cumbre de proyección internacional mediáticamente bien aderezada. Enfrente, Feijóo inhala a regañadientes el apestoso tufillo xenófobo de las exigencias de Vox para amarrar, por fin, ese gobierno extremeño que tanto se resistía a pesar de la holgada victoria de la presidenta Guardiola en las urnas. Son dos realidades contrapuestas. Los dos vectores de poder alternativo sobre los que bascula la política española a corto y medio plazo. Dos modelos antagónicos, cada día voluntariamente más alejados para así galvanizar los ánimos encendidos de sus seguidores.

Vox vuelve a tocar poder cuando atraviesa por un momento especialmente convulso. Agrietado por una profunda crisis interna que solo sabe resolver manu militari, asiste angustiado al próximo examen de las urnas andaluzas tras el mensaje intranquilizador para sus aspiraciones encajado en las elecciones en Castilla y León y, además, no puede sacudirse del perjuicio económico que le ocasionará la clamorosa derrota de su idolatrado Orbán. Demasiadas adversidades coincidentes tras mucho tiempo con el viento a favor.

Galgos o podencos, el PP consigue su único propósito de asegurarse otro gobierno. Lo suyo es el poder por encima de las convicciones. En caso contrario, su candidata Guardiola ya habría desistido. Es así como pretenderá seguir coloreando de azul muchas más autonomías, hasta la prueba culminante del próximo año en las generales. Será entonces la definitiva evaluación de la gestión que irá compartiendo con esa derecha extrema que amenaza con la implantación de algunas políticas escalofriantes para la armonía ciudadana y puestas en manos de políticos sin experiencia en la gestión institucional y básicamente dotados de una verborrea populista y dinamitera. El PSOE hace votos para que en los próximos meses Vox arrastre al PP en sus coaliciones venideras hacia una descarada propensión a las decisiones xenófobas.

Inmigración, caldo de cultivo

Se avecina una tormenta política con la regularización de inmigrantes. El PP ha mordido el hueso y no lo soltará en mucho tiempo porque ve caldo de cultivo en esta polémica decisión del Gobierno Sánchez. Paradójicamente en este intento desestabilizador ideado en Génova, y que llegará de inmediato a ayuntamientos, diputaciones generales y comunidades, no le acompañarán ni la patronal ni la Iglesia. Tampoco le importa semejante contradicción. Los populares olfatean un malestar creciente en ambientes ciudadanos propensos a alimentar sin desmayo un binomio indisociable entre delincuencia progresiva y llegada de inmigrante. Ahí entienden que existe un fecundo granero electoral, aunque en disputa, eso sí, con Vox y Alvise Pérez. A por él sin levantar el pie del acelerador. Como aprietan ahora las tuercas exigiendo claridad en las causas ciertas de ese apagón aún sin explicaciones después de un año, o en las del trágico accidente ferroviario de Adamuz, mientras se jactan de los muchos testimonios vergonzantes de ese inagotable vodevil alrededor del tercer piso del Ministerio de Fomento.

Acosado así, incluso enrabietado por esa discutida resolución del juez Peinado sobre Begoña Gómez, Sánchez busca una válvula de escape con resonancia. Nada mejor que abanderar la causa del diálogo frente a la guerra, de la democracia ante la intolerancia para aplacar el impacto de los destrozos internos. Disponer de una disculpa solvente que sirva para distraer el alcance de la iracunda reacción de Junts por las contundentes acusaciones recibidas de Yolanda Díaz y que complican, en grado sumo, la mayoría parlamentaria. Las amistades por interés nunca perduran.