Vox sigue llevando a su terreno al Partido Popular. Extremadura es el último caso, con un acuerdo de Gobierno que exuda xenofobia y que incluye un concepto, el de prioridad nacional a la hora de acceder a ayudas y servicios públicos como la vivienda o la sanidad, que no debería tener recorrido en una sociedad decente y que no cabe en la legislación.

Más allá del lío político, que ha escalado hasta el Congreso de los Diputados y que se repetirá sin duda en otras comunidades, el asunto merece una reflexión, por mucho que en Navarra la capacidad de la derecha y la ultraderecha para fijar debates, marcos mentales y sobre todo políticas sea inferior. Es por los agujeros del sistema, así como por los altavoces de las redes, por los que se cuelan los discursos del odio y por los que terminan cristalizando políticas. Ante ello, la respuesta de la izquierda no puede limitarse a gestionar, con las mejores intenciones, eso sí, la escasez actual, sea esta de médicos, de viviendas, de trenes, de redes eléctricas o de salarios que cunden mucho menos que hace 20 años. O se enfocan las políticas en generar una mayor abundancia, algo imposible sin una fiscalidad muy diferente a la actual y sin un impulso europeo claro, o iniciativas como la extremeña encontrarán suelo cada vez más fértil.