El origen de las sociedades gastronómicas y txokos hay que buscarlo a finales del siglo XIX y principios del XX. Con estos centros lo que se pretendía era crear unos espacios masculinos de reunión exclusivos para los hombres y alejados del ámbito familiar y doméstico. Según ellos, eran lugares donde relajarse sin tener que mantener la compostura de la misma forma que frente a las mujeres, pero que, al mismo tiempo, funcionaban como ecosistemas de redes de poder y contactos. ¡Cuántos negocios (incluidos casamientos) no se habrán hecho entre ajoarrieros y estofados!
Los tiempos cambian y, evidentemente, todo esto está ya más que desfasado. Hace ahora dos años en varios medios de comunicación recibimos una carta de dos folios que comenzaba diciendo: “Estimado socio y amigo. Te comunicamos que la Asamblea General ordinaria de Napardi se celebrará… bla, bla, bla” y en verde fosforito estaba subrayado el punto siete del orden del día: “¿Estás de acuerdo con que las mujeres puedan adquirir la condición de socio de Napardi?”.
En aquella asamblea votaron el tema pero se ve que no quedó cerrado y siguen a vueltas con el mismo. En una nueva votación han decidido seguir sin modificar sus estatutos pese al requerimiento del Instituto Navarro para la Igualdad (INAI). Por mucho que digan que es una sociedad de inofensivos jubilados que lo único que quieren es mantener una tradición y que enviarles un requerimiento es tirar el dinero, yo creo que las instituciones actúan correctamente al vigilar este tipo de comportamientos.
Muy bien también la reacción de la DO Idiazabal y la de quienes han dicho que no van a participar en sus actos sanfermineros. Por mí que su gallico se lo coman en pepitoria.