Síguenos en redes sociales:

Adiós a la homeopatía

Adiós a la homeopatíaEUROPA PRESS

Parecía que no iba a llegar nunca, pero el naufragio de la homeopatía es ya un hecho. Durante décadas ocupó anaqueles privilegiados, envuelta en ese aura de medicina natural sin efectos secundarios (ni secundarios ni primarios, dictamina la ciencia) y aún hoy sobrevive porque sorprendentemente sigue de venta en farmacias. La idea venía de Samuel Hahnemann, a finales del siglo XVIII, cuando mucha medicina era casi peor que la enfermedad: se inventó algo que luego la química y la propia biología demostraron falso, pero quiá: como tampoco se conocía el poder del placebo, todo seguía vendiéndose. Lo que se llama timo en mi casa, pero con marchamo de materia médica.

El golpe reciente de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios no ha hecho más que poner negro sobre blanco lo evidente: no hay eficacia más allá del placebo y ni siquiera siempre. Ya hace años, cuando se les exigió demostrar las afirmaciones terapéuticas, la mayoría de productos optaron por registrarse sin indicación alguna. Traducido: azúcar caro con etiqueta de laboratorios, que se enriquecían tanto que incluso podían comprar respetabilidad en universidades con cátedras y cursos. Por aquí lo hicieron también hace 15 años y muchos protestamos. No les fue bien del todo porque la homeopatía suspendía todos los exámenes.

La homeopatía no ha muerto de persecución, sino de realidad. Pero ha resistido tanto porque muchos miran a otro lado mientras alimentan un mercado basado en la fe y el marketing. El problema nunca fue solo que no funcionara, sino que sustituyera tratamientos eficaces. Ahí ya no hablamos de creencias inocentes, sino de riesgos. Que se retire es una buena noticia, sí. Pero deja una cuestión incómoda: cómo hemos tolerado durante tanto ese engaño del agua con memoria. Y qué timo lo sustituirá.