Hasta cinco manifestaciones y concentraciones de sindicatos y otros colectivos reivindicaron el viernes en Pamplona mejoras y avances en la calidad del trabajo. Hubo también diversidad de reclamaciones, desde el derecho a la vivienda, el rechazo a las guerras, la denuncia del neofascismo y la ultraderecha, la defensa de los valores y libertades democráticas y de los derechos sociales y laborales o la justicia social.
Pero por encima de todas ellas, la lucha por lograr unos salarios justos que permitan afrontar el coste de la vida con seguridad y calidad con el objetivo puesto en un salario mínimo en Navarra de 1.500 euros. De forma más o menos clara en unos y en otros, pero cada vez más común. No es imposible ni supone la ruptura de ningún marco jurídico general.
De hecho, debería ser un objetivo hacia el que avanzar en el conjunto del Estado y no solo un logro en Navarra y la CAV. Como se acaba de lograr en el preacuerdo para el Convenio de Residencias de Navarra. El diálogo entre sindicatos y patronal debería ser, junto a la presión reivindicativa, el punto de partida para llegar a un acuerdo si hay una voluntad real de negociar. Pertenezco a esa generación para la cual el 1º de Mayo era una fecha simbólica del calendario anual, emblemática en las reivindicaciones históricas de la conquista de mejoras sociales y derechos laborales y también de las libertades políticas y los avances democráticos.
Porque a todo ello ha contribuido el movimiento sindical. Y ahora todo ello ha ido perdiendo fuerza y, sobre todo, influencia entre las nuevas generaciones. La división de las estrategias y los intereses de las diferentes organizaciones sindicales se ha hecho endémica. También es endémica la confusión interesada de los mensajes que se lanzan a la opinión pública sobre la marcha de la economía. Pendulan entre los avisos de nuevos nubarrones y una nueva fase de la actual crisis un día a las expectativas de crecimiento y de empleo la semana siguiente.
Como ejemplo, tras los cierres y despidos del años pasado en empresas importantes de Navarra parece que este año la inversión y la creación de empleo ofrecen buenas expectativas con Volkswagen y la china Hithium. Dos ejemplos de que no todo es oscuro como se empeñan en difundir las derechas en el panorama del empleo, la inversión y la economía en Navarra.
Es cierto que no tiene fácil el movimiento sindical situar en frente un discurso que recupere su capacidad de influencia ideológica y política en la sociedad y de su histórica reivindicación del control democrático de la economía. Parecen cosas del pasado y no lo son en realidad.
Y en este contexto en el que una terminología críptica intenta confundir sobre el comportamiento de la economía neocapitalista y los objetivos de los especuladores y alimentar la desorientación social y la incertidumbre laboral de los ciudadanos, más aún de los jóvenes, lo importante quizá sean los hechos. Hay que trabajar para vivir y no para malvivir como les ocurre a muchas personas que no cuentan con un salario justo y digno que les permita como mínimo poder acceder a una vivienda. El 1º de Mayo sigue haciendo falta.