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Encrucijada

EncrucijadaJavier Bergasa

Al final, y en apenas dos semanas, de lo que inicialmente parecía un choque entre un servicio, el de Traumatología, y el Departamento de Salud, se ha pasado a una prácticamente unánime demostración de malestar de numerosos profesionales médicos a través de cartas, comunicados y declaraciones. Más allá de que el Sindicato Médico represente o no a la totalidad de la plantilla o de que en ocasiones pueda tener un claro interés no digo político pero sí partidista, lo que parece obvio es que la plantilla médica o buena parte de ella no está satisfecha y sí cansada, sobrepasada y decepcionada.

Negar estas llamadas de atención, por mucho que lógicamente en colectivos grandes habrá opiniones para todos los gustos, no sería inteligente por parte de nadie y, sinceramente, creo que el Departamento recogerá el guante que le ha sido lanzado desde numerosos puntos. El tema es que, sinceramente lo creo, la gestión sanitaria y si me apuran la educativa tendrían que ser las que menos expuestas posibles a los legítimos intereses políticos de los partidos y, aunque suene cándido y lo sé, debería existir un común esfuerzo por tratar de ubicar los problemas, analizarlos y trabajar lo más en conjunto posible por minimizarlos.

Al final, es un bien común de una valía gigantesca que más tarde o más temprano nos involucra a todos y que tiene que ser vigilado y cuidado con especial celo. No digo, por supuesto, que no se haga política con la gestión sanitaria, porque mucha se hizo con gobiernos de UPN por ejemplo y motivos había entonces y seguro que los habrá ahora, pero sí que, al menos a nivel interno, de plantilla y de departamento, se busquen los puntos de unión más allá de los de desunión.

Porque una sanidad en crisis o cuando menos aparentemente tan desgastada es de las peores sensaciones que puede recibir una ciudadanía que necesita respuestas en los momentos importantes.