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Alicia Ezker

La Cultura no es para la guerra

La Cultura no es para la guerraJavier Bergasa

Hay conceptos que de repetirse cobran significado. Palabras que a fuerza de sonar se hacen fuertes, valga la redundancia. Términos que muchas veces se emplean sin caer en su significado o al menos sin entenderlo plenamente, porque están en boca de muchos y porque las modas también llegan y se imponen en el lenguaje, sobre todo en el de proyección pública. Pero a veces hay que salvar las palabras, al menos aquellas que están siendo claramente mal usadas. Últimamente se escucha en los ámbitos más diversos eso de la batalla cultural o la guerra cultural, una manera de tratar de reflejar dos visiones del mundo imposibles de coincidir, que se emplea para incidir y abrir una grieta insalvable precisamente en los asuntos que más polarizan a la sociedad por ser esenciales. Lo usa la extrema derecha y en general los extremos para incidir en esas divisiones irreconciliables, que tan poco espacio deberían tener en la vida y menos en la política. Una expresión, la de guerra cultural, asociada al pensamiento de Antonio Gramsci sobre la importancia de la cultura en la política, y que se empezó a utilizar de forma cotidiana en esta perversa dirección en Estados Unidos por parte de las facciones más ultraderechistas.

Pero no es una fórmula acertada. Paz y Cultura si lo serían. Hablar de guerra o batalla en un espacio como la Cultura, un lugar siempre de diálogo, entendimiento, reflexión y puentes tendidos queda tan fuera de lugar que cae por su propio peso. Las palabras construyen realidades y por eso es esencial darles su poder real. Porque siempre lo que se nombra comienza a existir. De ahí que los silencios sirvan para invisibilizar. Y esas llamadas guerras culturales buscan imponer un relato dominante, silenciando el resto. Justo lo contrario del verdadero significado de la palabra Cultura. Es tiempo de empezar a protegerla, de evitar que se desvíe y acabe en malas manos como ya ocurrió con la idea de libertad. Lo vemos a diario cuando se enrocan posturas, cuando se rompen los puentes, cuando explota por los aires la posibilidad de entenderse, cuando no se es capaz de anteponer lo que une a lo que separa. En las personas y en la política, en la sociedad y en el trabajo.

Es hora ya de nombrar a los cosas por lo que son y la Cultura no es guerra, algunos dirán que tampoco es paz, yo sí lo creo y sobre todo creo que lleva implícita la idea de tender puentes y crear caminos para proteger lo esencial: las personas. Es el mejor refugio.