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Eclipses de paseo

Eclipses de paseoNTM

Este 18 de mayo nos vamos a celebrar el Día de los Museos en un bar –el Zentral de Pamplona, por si se animan– hablando de eclipses y de cómo verlos. O beberlos, como han propuesto desde el Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra, que también organiza actividades en torno al eclipse de este año. Empieza a calentarse el ambiente porque, aunque las instituciones se han puesto un poco tarde las pilas, esto de los eclipses va calando en la gente.

Hace unas semanas, con lo del día espejo, nos juntamos unos cuantos para comprobar que todo estará listo el próximo 12 de agosto. Y a veces me preguntan sobre el eclipse por ahí, cuando me reconocen. Y me encanta: llevo media vida esperando que llegue. Mucho antes de poner en marcha el Pamplonetario ya hablaba del cielo en radios y periódicos, y participé en aquellas primeras agrupaciones astronómicas que nacían mientras trabajaba en la universidad.

En 1984 cacé mi primer eclipse y descubrí que esos minutos de oscuridad compartida dejan una huella difícil de explicar. Luego me vine a un museo de ciencia, convencido de que mirar el cielo juntos también sirve para entendernos mejor aquí abajo. Por eso me gusta que este año el lema del Día de los Museos hable de unir un mundo dividido.

La cultura científica tiene algo de espacio común: los eclipses nos sorprenden a todos por igual y hasta, dicen algunos estudios, nos vuelven mejores personas, aunque el efecto solo dure 24 horas. El otro día hablaba de eclipses en Corella y pronto lo haré en Salas de los Infantes, Lerín o Vitoria. Voy llevando de paseo historias antiguas y modernas para recordar que merece la pena disfrutar de algo que no ocurría aquí desde hace más de un siglo y que quizá nadie vuelva a ver en su vida… salvo que decida perseguir eclipses por el mundo. Que también merece la pena.