Oír a Braulio decir en la rueda de prensa del martes que no hay nadie en el Promesas para el primer equipo me hizo repensar el artículo que ya había escrito sobre Lisci y otros asuntos que ahora quedan en segundo plano.

Si echamos la vista atrás, es exactamente lo mismo que dijo en la rueda de prensa de cierre de la temporada pasada, reiterando su declaración de intenciones. Y, para rematar, este pasado martes añadió que, sí lo habrá dentro de dos o tres años, que es justo cuando acaba su contrato. En el fondo, el mensaje que deja entrever es claro, para esta guerra, conmigo no contéis. Él sabe hacer lo que sabe hacer, le ha dado resultado, y Osasuna ha firmado su mejor etapa histórica de continuidad en Primera.

Y le entiendo, porque no se va a meter en guerras que no controla, en las que no tiene mucho que ganar, tras haber salido victorioso en los últimos ocho años. Porque, aunque parezca sencillo, gestionar a los jugadores cuando todavía son promesas, en ese último paso al profesionalismo, es una tarea muy complicada, de prueba y error, lo que parece que sí, luego es que no, y luego otra vez sí. No siempre sabes si insistir con un jugador, frenarle o soltarle en el momento justo. Algunos (los menos) se detectan a simple vista, pero hay otros que parecen no estar y acaban dando un rendimiento inesperado, esos son los que hay que descubrir, porque los evidentes terminan llegando solos, vengan de Primera o de Segunda RFEF. A todo ello se suma, además, el examen semanal de la competición, que no admite esperas.

En la rueda de prensa del final del curso pasado recordó la frase de quien fue su presidente y también referente. Augusto César Lendoiro solía decir que “todo el dinero al verde”, es decir, concentrar la inversión en el primer equipo, en el rendimiento inmediato. Y no le fue mal, porque consiguió que su equipo se sumara al exclusivo grupo de clubes que han ganado la Primera División que solo son siete.

Viendo los resultados exitosos de ambos enfoques, me pregunta mi hijo que está despertando al fútbol, entonces la cantera, ¿para qué sirve? Y lo único que se me ocurre es volver al principio de los tiempos, cuando los equipos representaban de verdad a sus calles, barrios y ciudades. ¿Y quién mejor va a defender su calle, su ciudad y su barrio? Pues el que ha nacido allí va a romperse la cara por defender a sus amigos, con los que ha crecido desde siempre.

Pero esto ya no cuela en el hiperprofesionalismo actual, suena casi a romanticismo de otra época. Sin embargo, esta temporada puede representar un aviso de que cuando los resultados no llegan, quizá convendría preguntarse si no se está olvidando algo esencial por el camino. Porque entre el “todo al verde” de Lendoiro y la confianza ciega en estructuras a largo plazo, tal vez haya un punto intermedio. Y ahí, precisamente ahí, es donde la cantera se puede gestionar con paso decidido, y ejemplos hay. Pero no lo veremos en Pamplona, al menos hasta el año 2029.

El autor es exfutbolista y profesor de la UPNA*