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Editorial

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El PP, en modo escrache

El desgaste del PSOE es evidente, pero el PP ha renunciado a ofrecerse a la ciudadanía como alternativa con un programa que ofrezca sus soluciones a los retos que supone gobernar para ella

El PP, en modo escracheEduardo Parra

La versión del Partido Popular que ha construido Alberto Núñez Feijóo –o en cuya inercia se ha sumergido por iniciativa de otros– ha confundido el ejercicio de la oposición institucional con la mera administración del ruido mediático. Lejos de asumir un liderazgo político propositivo y valiente, la estrategia de Génova se ha reducido a una táctica pasiva: sentarse a gestionar el desgaste del PSOE, alimentado casi en exclusiva por el goteo de novedades informativas sobre presuntos casos delictivos que, conviene recordar, se encuentran aún en fase de instrucción pero sirven para desactivar como activo político cualquier otro elemento de la gestión de la economía o el posicionamiento internacional que podrían ser ponderados a su favor.

En esta inercia se enmarca un escrache político constante dirigido a los socios parlamentarios de Pedro Sánchez, con especial fijación en el PNV y Junts, a los que el PP dedica sus mayores esfuerzos a afearles una supuesta complicidad moral, exigiéndoles que sean ellos quienes den el paso de derribar al Ejecutivo. Sin embargo, esta sobreactuación apenas logra disimular una preocupante renuncia a presentar un proyecto propio. Si el PP cuenta verdaderamente con una alternativa constructiva, el sistema democrático dispone de mecanismos para articularla y debatirla.

No accionar estas herramientas por puro cálculo es un modo de hurtar elementos de juicio a la ciudadanía; se pide un cheque en blanco basado en el rechazo al adversario, pero sin mostrar las cartas propias. A día de hoy, no se conoce un programa de actuación que se asocie a una propuesta social o económica seria ante los asuntos que realmente preocupan a la calle. El único indicio contrastable del modelo de sociedad que defiende Feijóo son sus acuerdos de gobierno con la extrema derecha en diversas autonomías.

En ellos no hay rastro de soluciones a los retos de la vivienda, la creación de empleo de calidad, la transformación tecnológica o la sostenibilidad ambiental e independencia energética. Limitarse a esperar que el Gobierno caiga por el peso de los sumarios no es liderar. La democracia demanda una oposición que fiscalice, pero que también demuestre que tiene un plan de futuro. Mientras el PP fíe su éxito al desgaste ajeno, seguirá demostrando que le sobra ruido y le falta proyecto.