Síguenos en redes sociales:

Los Caídos: truco y magia

Su resignificación ha sido impuesta a rodillo alegando una utilidad pedagógica

Los Caídos: truco y magiaIñaki Porto

A través de la resignificación arquitectónica. El momento del truco y la magia. Del truco porque utiliza la amortizada participación ciudadana sin opción alguna para el jaque mate. Y de la magia para que ese edificio, construido para ensalzar los valores de los vencedores y humillar a los vencidos, desactive su significado mediante una estetización que diluya su monumentalidad totalizadora.

Alois Riegl, historiador alemán, decía que los monumentos tienen “voluntad de memoria propia”. Que fueron construidos para recordar algo concreto. Que su materialidad influye en la forma en que recordamos. Por eso la gran pregunta que omiten los procesos resignificacionistas es: ¿Y si algunos edificios no son simples contenedores de memoria, sino artefactos de memoria y se resisten a cualquier intento de resignificación?

Theodor Adorno era consciente de la dificultad de convertir ciertos lugares del horror en espacios desconflictivizados. Porque en espacios tan vinculados a la violencia fundacional −como es el caso− existe un riesgo de que cualquier reutilización pedagógica sirva para normalizar su pecado original.

Los Caídos han sido ultrajados por un relato resignificador sin haber pasado por los estándares democráticos de la consulta, la confrontación con las asociaciones memorialísticas ni la priorización de la dignidad de las víctimas. Más aún, su resignificación ha sido impuesta a rodillo alegando una utilidad pedagógica para explicar un franquismo domesticado que no resuelve su propia contradicción.

Uno no duda de esa utilidad pedagógica. De lo que duda es si un símbolo nacido para humillar puede convertirse en un artefacto cultural de reparación. Y además así, romantizando el relato y el nuevo espacio ajeno a la violencia que representa, descontextualizando su significado originario.