Navarra llevaba años hablando de despoblación. Ahora trata de darle una estructura, unas reglas y una forma de gobernarla. El anteproyecto de Ley Foral contra la Despoblación y para el Desarrollo Rural no va a resolver por sí solo un fenómeno que se arrastra desde hace décadas pero empieza a construir un modelo.
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Queda mucho por concretar. El texto deberá desarrollarse y demostrar que las medidas funcionan. Muchas han nacido desde los propios municipios y con experiencias de gobernanza interesantes. Pero lo cierto es que cambia la mirada: la despoblación deja de ser un asunto exclusivo de los pueblos para convertirse en un reto que debe estar presente en todas las políticas públicas.
La ley habla de vivienda, empleo, emprendimiento, movilidad y servicios públicos. Y hay dos medidas interesantes: el impulso a la nueva vivienda protegida en el medio rural y la figura del Emprendimiento Rural Especialmente Protegido. El reto ya no es solo evitar que los vecinos se marchen. Es atraer nuevos habitantes y hacer de los pueblos una alternativa real para vivir y trabajar.
El texto concede una atención especial a las mujeres rurales, a las que dedica un capítulo propio para impulsar su participación y arraigo. Reconoce que siguen soportando desigualdades en el acceso al empleo, los servicios, la movilidad o los cuidados y plantea medidas para favorecer el empleo, el emprendimiento, la conciliación, la participación y la prevención de la violencia contra las mujeres. Difícilmente habrá pueblos con futuro si ellas siguen teniendo más razones para irse que para quedarse.
Los municipios de mayor riesgo tendrán prioridad en ayudas, inversiones y subvenciones. Queda pendiente, eso sí, un debate que tarde o temprano llegará: la fiscalidad, posibles ventajas fiscales para quienes viven, trabajan o emprenden en pueblos con mayor riesgo de despoblación. Será uno de los grandes debates de la próxima legislatura.
Mientras, la realidad social abre también una oportunidad. Navarra acaba de registrar 15.000 solicitudes de regularización de migrantes. En una comunidad donde acceder a una vivienda en Pamplona y su comarca resulta cada vez más difícil, el medio rural puede convertirse en una opción para muchas de esas personas si existen viviendas, empleo y servicios.