Una de las formas en que nos habla la vida es a través de la enfermedad. Todos a lo largo de la vida tenemos algún encuentro con la enfermedad. Entonces sufrimos la disminución de nuestras capacidades para el trabajo y el placer. Si la enfermedad se alarga en el tiempo o se intensifican los síntomas, algunos entregan su vida en una sensación de impotencia por lo que no pueden controlar. No obstante, ¿es posible que tal vez la enfermedad aparezca cuando se malgasta la energía vital?

En la medida en que abrimos nuestra mente a esta comprensión, también abrimos la puerta al proceso de autocuración, una especie de milagro posible si se interpretan el sufrimiento físico y emocional como expresiones de un malestar espiritual que sí tiene curación. La ansiedad y las tensiones tienen consecuencias orgánicas; en algunas ocasiones son claras y tratables, en otras, son insólitas y de difícil diagnóstico, las cuales sólo podemos resolver aprendiendo a mantenernos en contacto con nuestro ser más profundo.

Nuestro ser es esencialmente energía, y las experiencias que vivimos también lo son. La energía que mueven estas experiencias influye en el equilibrio energético del organismo, y de esta forma, la biografía de una persona se convierte en su biología. De alguna manera, cada cuerpo contiene su historia. Un miedo, por ejemplo, activa todos los sistemas corporales: el estómago se tensa, el ritmo cardíaco se acelera y tal vez el cuerpo comienza a sudar; en cambio, un pensamiento amoroso puede relajar todo el cuerpo. Así que, ante todo, obedece a tu cuerpo. ¡Ámate!