Protagonistas: familia compradora, no rica pero sí honesta, con sus números/euros, sus ilusiones y su vida. Familia vendedora, con sus intereses, su dinero y su gran experiencia en negocios. La inmobiliaria, con su trabajo y sus tanto por ciento.
Actores secundarios: familia extensa y amigos de compradores y una segunda familia compradora, en la sombra (¿esperando que siga bajando el precio?), con sus propios intereses.
Trama: la primera familia compradora negocia con inmobiliaria hasta llegar a acuerdo en precio compraventa, aceptado por los vendedores, lo comunica a sus amigos y conocidos y pone su piso a la venta. Cuando van a hacer contrato compra-venta, con entrega 10% valor precio acordado, a petición vendedores este se pospone unos días porque "van a hacer una consulta a su asesor (sobre la titularidad del contrato)". Pero para justificar el compromiso, los vendedores, a través del correo electrónico, autorizan a la inmobiliaria a recoger 3.000 euros como reserva por compra de vivienda en?, calle?, retrasando un par de días la firma del contrato. La sorpresa llega cuando, al cabo de los días, con el contrato de compra-venta preparado para firmar y el talón con el 10% gestionado, los compradores se encuentran con un "lo siento", "no sé cómo decírtelo" en lugar de con la firma de contrato. Les dicen que la venden a una segunda familia por más dinero (a pesar de haber aceptado ya el precio y reserva de la primera).
Desenlace: la primera familia se siente engañada e indefensa ante tal atropello y, encima dando gracias por no haber vendido su piso todavía. Incluso plantean, en pleno arrebato, ofrecerles lo mismo. Al final, prevalece la razón y prefieren no entrar en dicha dinámica. Recogen sus 3.000 euros y ni uno más. Prefieren no tener la casa pero poder estar orgullosos de su comportamiento, cosa que difícilmente podrán decir todos: "¡Qué se queden con su casa, con el dinero ganado tan chapuceramente!". La inmobiliaria es la intermediaria y ahí queda su responsabilidad. ¡Qué cada uno duerma con lo que ha hecho!
Moraleja: si piensas comprar una vivienda, antes de implicar en ello tu proyecto de vida, tus ilusiones y antes de vender la tuya, exige a la otra parte responsabilidad ante la marcha atrás, y a la inmobiliaria que gestione la venta con garantías necesarias, no sea que el cuento de hadas se convierta en un cuento para no dormir, en un cuento de miedo. Para algunos, el dinero o los intereses están por encima del compromiso, de la palabra y de cualquier regla moral. Algo tendrá que cambiar para que estos sucesos no puedan ocurrir tan impunemente. Que uno saque lo máximo que pueda en una venta, vale, pero previo al acuerdo y reserva, no posteriormente. Y si, aun así lo hace, que lo pague muy, muy caro.