Magnífica la política de recursos humanos del Gobierno de Navarra. Es la mejor manera de ahorrar y promover la creación de empleo a la vez: magistral. Todo el mundo conoce a tres o cuatro maulas de cada departamento (casi siempre los mismos y afines al poder o a los sindicatos) que hace mucho tiempo deberían estar en la calle, pero no. El Gobierno de Navarra los ignora y son sus compañeros los que deben cargar con el trabajo no desempeñado por ellos y además cargar con el desprestigio que estos casos suponen para todos. Es mucho más fácil, aprovechando la picaresca, el fraude y que el Pisuerga pasa por Valladolid, restringir de un plumazo los derechos consolidados de todo el funcionariado (lo mismo que la renta básica). Se habla de las prebendas del funcionariado al tener reconocidas prestaciones de odontología y oftalmología, pero nada se dice que los funcionarios no tenemos la gratuidad de medicamentos, ni en la jubilación, cuando se supone que el consumo de fármacos es mayor. Parece que los funcionarios y funcionarias podemos ser pobres, pero no enfermos, aunque con estas medidas se harán pobres, enfermas y ancianas ejerciendo la función pública, pues a ver cómo van a cotizar 35 años si no se cubren jubilaciones,ni hay OPE. Primero había que liberar a los bancos. Ahora a la patronal (incluida la Administración). ¿Cuándo les toca a las y los trabajadores con y/o sin trabajo, los menos responsables de la situación actual? Una recomendación al Gobierno de Navarra: si quieren ahorrar algo más, podrían aplicar las mismas medidas económicas y de control a las asistencias técnicas y, de paso, podrían cubrir las jefaturas con personal propio en vez de recurrir al amiguismo. Algo se ahorraría también.