Futuro instituto en plan Ezcaba
Un día en el colegio Doña Mayor de Pamplona quisimos convertirnos en comunidad de aprendizaje y empezamos a soñar. Soñamos con un frontón cubierto donde nuestros hijos pudiesen efectuar sus actividades, soñamos con la implicación de todos para mejorar la educación de nuestros hijos, soñamos con un parking y juegos en los patios, soñamos, en definitiva, con un colegio participativo y abierto donde nadie quede excluido. También soñamos que este proyecto pudiera ser continuado con nuestros hijos mediante la construcción de un instituto cercano.
Hoy, que casi todos nuestros sueños se han hecho realidad, la controversia sobre la configuración del futuro instituto contiguo a Doña Mayor, con la disyuntiva entre enseñanza en modelo castellano (o TIL en nuestro caso) y modelo D, llena de rumores, informaciones sesgadas, presiones y, por supuesto, implicaciones políticas de toda índole, supone un absoluto desconcierto que se agrava haciéndonos campo de batalla de una confrontación conceptualmente aberrante entre ambos modelos lingüísticos.
Si estamos enseñando a nuestros hijos respeto y la no exclusión como método de guía en sus vidas, si el tamaño del futuro instituto (junto con los ya existentes) es capaz de absorber diversos modelos en sus líneas, no creo que exista la necesidad de elegir y desechar, de crear unidades aisladas y monolingüísticas, de tener que explicar a un padre por qué su hijo, al finalizar sus estudios de Primaria, no puede ir al instituto cercano (en nuestro caso contiguo), sino que debe trasladarse por una simple decisión administrativa. Si los niños de Doña Mayor integrados en un sistema TIL (que incluye enseñanza en euskera), promovido por el departamento de Educación del Gobierno de Navarra, cuyas bondades y futuro nos han sido reiteradamente comentadas, tienen que trasladarse a institutos en otras partes de la ciudad al finalizar sus estudios, viendo cómo otros compañeros acceden a instalaciones contiguas a las que ahora abandonan, lo será por una decisión aberrante y falta de sentido común, una orden incoherente tomada por intereses de diversa índole, pero todos ellos alejados del único interés que nos debería de preocupar, la educación y el bienestar de nuestros hijos.