la carta del día

Qué hacer, a dónde ir para reclamar una ciudad menos motorizada

10.02.2020 | 10:49

Andamos mareando la perdiz de la movilidad en las ciudades acogiéndonos a cualquier urgencia (hoy son los patinetes eléctricos, ayer eran las bicicletas por las aceras, anteayer el anteproyecto de un carril bici, la necesidad de líneas de bus rápido de alta capacidad o la conveniencia de dar carta blanca a la incursión de automóviles eléctricos), pero seguimos sin poner el foco en lo verdaderamente importante: restringir y regular la libre e indiscriminada utilización del coche en los entornos urbanos y, algo que tiene mucha más enjundia, recuperar el derecho al espacio público como lugar común antes que como vía de circulación y aparcamiento. Estos deberían ser los objetivos que nadie pone sobre la mesa. Se redactan y mencionan planes y pactos de Movilidad Urbana Sostenible, planes de Ciclabilidad, ordenanzas de Movilidad, apuestas programáticas o propuestas políticas en favor de dicha movilidad pero se soslaya cuál es la finalidad de las mismas.

Así, nos quedamos embobados mirando a los árboles (o al árbol que más cerca nos toca) y obviamos que el bosque sigue quemándose y quemándonos, y que la calidad del espacio urbano y de sus calles, convertidas en vías de circulación preferentemente motorizada, no mejora. Nos conformamos con que se haga un carril bici, una micromejora en unos cuantos pasos de peatones, un aparcamiento disuasorio en un lugar igualmente disuasorio o se pinten señales de 30 en algunas calles y seguimos eludiendo hablar de lo que deberíamos estar hablando, que no es otra cosa que qué vamos a hacer para conseguir reducir el uso del automóvil privado y fomentar que la gente camine, pedalee o utilice el transporte público y así recuperar espacio para usos colectivos.

No sé cuántas de las personas al mando en esta ciudad están pensando en serio en esto. Me parece que muy pocas, por no decir ninguna. Ni responsables políticos, ni técnicos, ni representantes de colectivos, creo que todo el mundo se queda en los fuegos artificiales, en el fuego que más le calienta o que más le ilumina. No sé si es una cuestión de pura miopía o es algo más intencionado y premeditado. Ojalá sea lo segundo, porque, por lo menos, habrá una intencionalidad, pero me temo que es una cuestión más acomodaticia que otra cosa.

Nos hemos acomodado a esto. Nos da pereza cambiarlo, que nos cambien. Queremos las ventajas del coche, las de la bici, las del patinete, las del bus y las de caminar cuando nos interesa. No queremos renunciar a nada, no entendemos por qué tenemos que hacerlo, no entendemos cuáles son los beneficios de ello o no queremos entenderlos. Porque se nos adoctrina y se nos culpabiliza en vez de ponernos como beneficiarios y protagonistas.

Ahora mismo está ocurriendo con la implantación de la Ordenanza de Movilidad en Pamplona. Los agentes de la Policía Municipal han salido a la calle a amenazar a ciclistas, peatones y la nueva horda de personas a bordo de tablas rodantes electromotorizadas. Les recuerdan sus infracciones, su inobservancia de esta nueva norma y las consecuencias económicas que ello conlleva. Pero no están haciendo lo mismo con los y las automovilistas que siguen incumpliendo los límites, entre otros, de la velocidad y siguen hostigando y poniendo en riesgo al resto de personas que se ponen en su camino. Y eso que entre los objetivos de dicha ordenanza se mencionan literalmente: disminuir el uso del automóvil privado y mejorar la seguridad vial como medida para una movilidad menos peligrosa.

No sé a qué atiende esta estrategia pero puedo imaginármelo. El problema es que ni yo ni mucha otra gente sabemos qué hacer o a dónde ir para reclamarlo, para denunciarlo o para contribuir para que esto cambie de alguna manera, porque las vías de participación son marginales y están intervenidas, y muchas veces no son bien recibidas ni siquiera por los responsables que las facilitan. Me temo que nos quieren en la inopia.