El enemigo invisible

24.03.2020 | 01:08

Iba a trabajar como cualquier otro día y me fijé en la afluencia de tráfico; no era normal, pues era hora punta y apenas había coches en la carretera. Seguí el trayecto hasta mi empleo y lo comenté a los compañeros. Me preguntaron si no había escuchado las noticias y les dije que no, que casi siempre hablaban de lo mismo. Esta vez era diferente, habían decretado el estado de alarma en todo el país y habían dicho que nos recluyéramos todos en casa; que solo saliéramos para comprar lo básico para sobrevivir. Cuando salí del trabajo fui a comprar comida y marché a casa. Ya no volví a salir más que para ir a trabajar y hacer la compra. El primer día coincidió que tenía el día libre y me quedé confinado en mi morada todo el día sin hacer nada. Pensaba en cómo cambiaría la vida de la gente en unas condiciones que nunca habían vivido y no conseguía siquiera imaginarme recluido sin hacer una vida normal. Por la noche llamaron del trabajo para que no acudiera hasta nuevo aviso, pues la situación requería de un esfuerzo especial por parte de todos. El tiempo iba pasando y en estos días de obligado asueto parecía que estábamos viviendo dentro de una película. No era una película, estaba ocurriendo y la situación requería medidas trascendentes para combatir este mal que nos rondaba en cualquier esquina y ponía en alerta todos nuestros sentidos. Había un enemigo al que no veíamos, que acechaba en las sombras. Cuando esto pase..., me decía, quizá mucha gente haga las cosas de diferente manera y vea un atisbo de la humanidad que hasta ahora se ha negado. Quizá podamos comprender que nuestra vida es mejor si la rodeamos de amor en vez de fatalidad, y que sin las estrictas medidas impuestas nuestra vida hubiera seguido funcionando de la misma manera. Llevaba ya varios días sin salir de casa, pues ya me había provisto de todo lo necesario para convivir con una soledad que comenzaba a pesar, pero era un pesar diferente; una manera de mirarse al interior de uno mismo y ver lo que realmente importa en la vida. Quizá esta situación sobrevenida nos sirva para ser mejores personas en todo lo que hacemos y consigamos que, realmente, después de la tormenta llegue la calma.